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viernes, 4 de noviembre de 2011

Atrapado

Hola a todos.

Ha sido un silencio involuntario.
Le he extrañado estos días al Dr. Jaime Cevallos y sus explicaciones de los radicales libres. Según creo haber entendido, por asunto relacionados con el estilo de vida actual (inclúyase a ese puto pendenciero llamado Estrés) aparecen los radicales libres. En el cuerpo existen ciertas partes (pueden ser las moléculas, pero no estoy seguro) que tienen una positiva y otra negativa, que forman parejas. Pero el estilo de vida provoca que aparezcan impares (una negativa o una positiva) solita, que busca pareja y se pelea con las que sí tienen pareja para emparejarse y ser felices en la pareja debidamente bendecida por el señor.
Radicales libres. Mi amigo Curro Toral me perdonará por robarme su chiste, pero me pareció bueno: no son lo mismo los radicales libres que los curuchupas cautivos.
Pensaba un poco en estas enseñanzas médicas y estos decires de la filosofía cotidiana cuando caí en cuenta que en la sociedad también hay radicales libres, y los he clasificado en dos: voluntarios e involuntarios.
Entre los voluntarios -no hay que buscar mucho- hay ejemplos abundantes de radicales libres: los antitabaco, los antitoros, los proanimales, provegetales, prominerales, protempore, etc. Todo aquel grupo humano que decida no dejar en paz a sus conciudadanos hace una asociación y se convierte en radicales libres: ¡desesperados en busca de con quién emparejarse!
Pero también hay los involuntarios y creo haber descubierto a un muy digno representante. Intentamos desde hace quince días contratar Internet para el departamento, en Tokio. Lo primero fue tratar de buscar un operador que provea de televisión por cable, Internet y teléfono fijo, que los hay. En todas partes.
Ahí comenzó el viacrucis. O esta cárcel de incomunicación en la que vivo. Había, primero, que saber qué tipo de instalación tiene el edificio. Luego había que hablar con la operadora de Internet, la que instala la fibra óptica, la que entrega el hardware para todo esto, la del teléfono que da el servicio, la que entrega el aparato de rigor (porque este telefonía IP). Entre estas y las otras, todavía faltan al menos 10 días para salir de este "trancón" tecnológico.
Entonces, Llamingosan volverá y con fuerza. Hay mucho de que hablar, mucho qué decir, muchas palabras que pujan por ver la luz y unos dolores de parto literario mayores a los de cualquier primeriza.

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