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miércoles, 12 de febrero de 2014

Manga: de dioses sempiternos y fieles militantes

Ya estoy de vuelta.

Debo confesar que he estado evitando este tema porque me he sentido un neófito sin los suficientes argumentos para enfrentar, con algo de vergüenza, un asunto que se me ha venido siempre enigmático. Creo que sigo siendo un ignorante en cuanto al amplio y extendido universo del manga pero de igual manera me parece que debo comenzar a recorrer este camino, de una vez por todas.
El manga siempre ha ejercido una fasinación que se sujeta en lo difícil que puede resultar explicar por qué unos dibujos tirados rapídamente con esferográfica sobre un papel periódico puede generar desde gustos encontrados hasta fanatismos militantes.
Meterse con el manga es, lo digo casi como una hipótesis que deberá ser demostrada, explorar la genética de la cultura otaku y eso es hablar de palabras que tienen peso específico en la identidad japonesa.
En Llamingosan siempre se acude a las palabras, porque suelen atesorar más información de la que es posible imaginar. Y más historia, y más datos sobre su genética, acerca de las expresiones.
Llama la atención que la palabra manga (漫画) tenga la traducción literal de "dibujo informal". Pero por esa templaza de los kanji puede ser también "dibujos caprichosos", "garabatos" y hasta "imágenes insignificantes".
Las palabras bautizan a las cosas en su origen pero no cambian cuando lo nombrado evoluciona. En el siglo XI se dibujaron las caricaturas que son como la paleontología del manga. Caricaturas, extraer lo jocoso de la realidad, usarlo para divertirse.
Osamu Tezuka. Foto de Wikipedia
Lo dice mejor http://www.ilustrados.com: "El Manga apareció por primera vez en el siglo XII bajo el nombre de chōjū-giga, que constaba de cuatro rollos monocromados humorísticos, pintados con pincel. Se les considera como antecesores del dibujo caricaturesco porque fue realizado con técnicas que comprendían una gran soltura del trazo. De estos rollos se pasó a los dibujos impresos en madera y otros materiales".
Luego apareció el señor Hokusai Katsushika, quien ilustraba libros con figuras de monstruos que querían salirse del papel y que mostraban una gran violencia.
En el siglo XVIII, con la influencia occidental, comienzan a hacerse cómic, que se dejan tocar mucho por los europeos y por los estadounidenses (de Disney se copió el tamaño y la redondez de los ojos que hasta ahora pervive en el manga, a pesar de la diferencia que existe con el tamaño y la redondez de ojos de los asiáticos y de los japoneses).
Pero la historia moderna del manga tiene un hito fundamental, el señor Osamu Tezuka, responsable por completo de toda la estética, la narrativa y la puesta en página de lo que conocemos actualmente como Manga.
Sobre esa estética particular, vale destacar que el manga oculta una manera de contar historias que va más allá de las palabras. Es decir, que el lector sigue rápidamente con la vista lo que está sucediendo sin apenas leer una frase.
Esto es muy posible sobre todo en las escenas de acción y gracias a las líneas cinéticas. Las líneas cinéticas son las líneas que indican movimiento o énfasis, y que son muy utilizadas en el Manga, incluso se abusa de ellas.
En una reciente encuesta, los admiradores eligieron, sin lugar a dudas, a Osamu Tezuka como "el dios del manga". Si bien por momentos se parece a una religión de ninguna manera se puede pensar que se adore a un solo dios.
A los 25 años de la muerte de Tezuka una de las más influyentes publicaciones del Japón, Japan Today, afirma que hecha la pregunta a más de veinte mil encuestados la respuesta a favor de Tezuka no sorprendió pero sí estuvo fuera de los límites imaginados.
Fue uno de los más influyentes e innovadores creadores, desde su mundialmente famoso Astro Boy, pasando por Kimba hasta una versión de la Biblia supervisada por el Vaticano. Es el creador de más de 30 historias, algunas de ellas convertidas luego en anime.
Existen ciertos mangas que son íconos mundiales.
El año pasado se vendieron unos 500 millones de ejemplares de manga, en un negocio superior a los 1.000 millones de dólares. La lectura es general, a pesar de ser estos dibujos más bien simples, casi sin letras e impresos en papel periódico.
Es común mirar a los ávidos lectores devorar todas las páginas que pueden de su manga predilecto en las tiendas, entre decenas de publicaciones, mientras esperan para la siguiente reunión. Y en el metro, una tercera parte de los pasajeros leen y una buena parte tienen manga en las manos; y, en las veredas, parques, oficinas, escuelas, cafeterías, estadios y templos.
Cada uno tiene su predilecto y una disputa entre japoneses por el mejor manga puede ser tan sin caurtel, eterna y desgrarradora como una discusión sobre política entre latinoamericanos.
Vagabond es un ejemplo de permanencia. Takehiko Inoue la publica desde 1998, ha puesto en manos de los lectores 33 tomos y ha vendido en todo el mundo más de 22 millones de tomos.
Hay las que duran en el tiempo y otras que  aparecen y revientan el mercado aunque eso no garantiza su permanencia en el tiempo, como One Piece, líder indiscutible en ventas en 2013 con ventas de 18 millones de tomos (se los llama así porque cada libro es como un capítulo de una historia grande).
Tan arraigada es la costumbre que en Tokio se acaba de inaugurar el Museo del Manga (en la Universidad de Meiji). El museo conmemorativo de Osamu Tezuka, cerca de Osaka, es, sin embargo, el lugar por antonomasia de visita para los cultores del manga.
Y de peregrinación, como el templo de Washinomiya. Esta es la historia: un manga, que luego fue una muy famosa serie de anime, trata de cuatro adolescentes y del padre de una de ellas que es el monje de este lugar sagrado ubicado al norte de Tokio.
Los cultores de Lucky Star van masivamente al templo, a la entrada del cual está el estudio de una radioemisora que transmite sobre manga, sobre Lucky Star y sobre los miles de peregrinos que pasan por ahí. A estos manga y anime los siguen cientos de miles de personas.
El templo de Washinomiya
Como queda visto, hay generaciones de japoneses que han vivido acompañados de esos "garabatos" y a ninguno de ellos se les ocurre considerarse menos o más ciudadanos por seguir el desarrollo de sus historias preferidas.
Pero, por otro lado, los editores han creado, por ejemplo, revistas en las que se habla del amor o de política y economía siempre tratadas como mangas, basados en los gráficos y en esa estética particular.
El mundo ha ido aceptando y abrazando poco a poco la cultura que proviene del manga y una editorial fundó una filial fuera de Japón para imprimir versiones en idiomas diferentes del original y así ampliar el mercado.
La siempre informativa Web Japan dice: "En el año 2009, Naruto, una serie de manga de la revista Shonen Jump en la que el principal personaje es un niño ninja, se publicó de nuevo en formato de libro y se distribuyó en más de 30 países. La versión en dibujos animados se emite en más de 80 países.
"El manga y los dibujos animados japoneses se han propagado mucho más allá de su grupo original de forofos, y ahora están integrados en una gran parte de la totalidad de la cultura pop occidental", ha escrito Web Japan.
Después les voy a invitar a dar una vuelta por los derivados del manga. Hay que hablar del anime pero también de la cultura otaku, que es como tocar uno de los nervios fundamentales del Japón.

Hasta entonces.

2 comentarios:

  1. confieso que nunca me llamaron la atención hasta ahora que leo el artículo. Me parece fascinante. Buen artículo gracias.

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  2. Gracias por el comentario. Es posible encontrar sorpresas muy interesantes tras los dibujitos.

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