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jueves, 20 de febrero de 2014

Japón y la cultura contrasexual

Muy buenas, saludos para todos.

(El que sigue es el texto de un artículo de mi autoría que ha sido publicado en la Revista Mundo Diners, edición de febrero de 2014. No tengo los derechos de reproducción de las ilustraciones de manera que irán algunas de mis fotos).

El complejo Tokyo Midtown es uno de los más concurridos de esta megalópolis. Junto a la puerta de salida de la estación del metro un hombre sonriente se deshace en venias reparte catálogos. 
La publicidad que contiene, a vuelo de pájaro, es de moda de adolescentes. Pero visto con detenimiento, entrega información que tiene muy poco que ver con las tendencias en el vestir: ofrece señoritas que atienden en un burdel de los que se hacen llamar VIP: una ficha contiene el nombre, edad, origen, medidas, pasatiempos y tipo de sangre. Ninguna imagen es escandalosa, vistas por separado son retratos de jóvenes en parajes neutros de Tokio con miradas de pecado fresco o de estar a punto de cometerlos.
¿Que sea A positivo u O negativo es de veras importante en un acuerdo verbal de servicios con una prostituta? En la mayoría de los casos, los japoneses inician cualquier relación -inclusive las de amistad- con un intercambio de venias, de saludos, coqueteos, datos biográficos relevantes y el tipo de sangre. Creen firmemente que es una información valiosa porque los tipo A son serios, los B son curiosos y creativos y pueden ahorrarse tiempo si es que definitivamente no están buscando una pareja tranquila con personalidad dual, que es la AB positivo.
También es necesario decir que en el país está prohibida la prostitución pero se ha encontrado un intersticio legal que salva las cosas (Como se suele mencionar en las redes sociales, quien quiera detalles que los pida por interno).
Para los occidentales que miran a Japón esta es una de las postales de la extravagancia nipona. A quienes están más allá del Pacífico, de hecho, les encantan “rarezas” asiáticas como ésta y una que tuvo casi una fuerza viral recientemente fue el resultado de un estudio de la Asociación Japonesa de Educación Sexual, una organización privada.
El resumen es que a los japoneses jóvenes no les interesa el sexo. A pesar de que en ciertas zonas de ciudades grandes se nota una mayor libertad sexual que el promedio mundial. A pesar de que en la red existe material inagotable (a lo mejor es por esto mismo), lo jóvenes no tienen interés en el contacto carnal.
El artículo al que todos hacen referencia apareció primeramente firmado por Abigail Haworth, del diario británico The Guardian. En números, el 40 por ciento de los estudiantes universitarios dijo ser virgen; el 35,1 por ciento de los japoneses de entre 16 y 19 años afirmaron no estar interesados en el sexo: esta cifra se ha duplicado en cinco años.
Pero la estadística que no mencionó The Guardian ni los cientos de medios que reprodujeron la nota es que la población de Japón se ha reducido durante diez años consecutivos. Entonces, a lo escrito por Haworth le falta contexto, porque este “síndrome” puede convertirse en el vértice visible de una realidad harto más complicada y mucho más trascendente que un acueste.
Las autoridades dieron por llamar a este fenómeno el “síndrome del celibato” (sekkusu shinai shokogun) a pesar de que el estudio no se refiere a una pereza generalizada por el matrimonio (celibato) sino la falta de ganas por el sexo.
Mientras el resto del mundo, en general, discute sobre derechos sexuales, en el archipiélago nipón esa discusión ya dejó el espacio a otras; si se rasca en la piel, se encontrará una diversidad de aspectos sorprendentes. Hay excentricidades que harían pensar en una Japón bullente de frenesí sexual pero también de lo contrario. Vaya archipiélago de contradicciones.
En un país de casi 130 millones de habitantes hay de todo. Hay, por ejemplo, un artista que se hizo extirpar quirúrgicamente los genitales, los cocinó y subastó cinco platillos que resultaron de la faena a USD 1.250, para obras de caridad. Cumplió dos objetivos paralelamente: se quitó de encima el sexo que le resta energía para la creación artística y apoyó obras de beneficencia.
Otro ejemplo es el siguiente: hay una tendencia entre los jóvenes por lamerse las córneas de los ojos -valga la aclaración- como un acto de erotismo, para excitar a su pareja (lo que ha provocado miles de casos de conjuntivitis).
En las guías turísticas se promociona visitar los “maid caffee” donde jovencitas vestidas como empleadas domésticas del siglo XVIII, con unas minifaldas encogidas, se comportan de una manera parecida a esclavas sexuales, un intercambio interminable de seducción y ningún contacto.
Estas son las expresiones de una sociedad que vive entre dos mares, de seres humanos que se mueve con facilidad entre dos mundos. El uno de ellos es la tradición, son los japoneses unos defensores muy comprometidos de su identidad; la segunda viene atada a la modernidad. La primera: no les interesa el contacto físico, nunca les ha interesado. No expresan su cariño al amor de su vida con apapachos, no abrazan a sus madres, no dan una palmada a sus amigos, no extienden la mano a sus hijos. No se tocan. La cercanía de los poros ajenos, de una piel que no es la suya, provocan turbulencias que atentan contra el equilibrio individual conquistado y construido con harto esfuerzo.
Para aquellos que extrañan la piel ajena se abrió recientemente un negocio que ofrece la posibilidad de hacer una siesta de 30 minutos abrazado de una persona del sexo opuesto. No existe nada más que eso, abrazarse, sentir la piel del otro; pagar la cuenta y salir al mundo del cero contacto.
Pero la mayoría se mantiene intramuros de su metro cuadrado. Es evidente en los aeropuertos: es normal constatar que quien va a recibir a una persona y quien es recibida no se tocan en el que es, sin pecar de presumidos, el escenario en el que se protagonizan todos los culebrones posibles.
Luego, para tomar el camino de la modernidad, vale decir que los japoneses son los creadores y los principales feligreses de la cultura otaku. Este nombre abraza a todos los cultores del manga, el anime y todos los derivados existentes, que son muchos, siempre relacionados con la tecnología y el mundo digital.
El manga son las historias contadas en base de viñetas, el autor es dibujante y escritor, hay historias del manga que se han vuelto películas (anime) y hay muchas que han influido a por lo menos una generación. Vagabond, de Takehiko Inoue, ha llegado ya al tomo 33 y su autor ha vendido más de 22 millones de ejemplares en todo el mundo.
Y el anime, es la animación realizada con estilo japonés. Se han producido miles de filmes, algunos de ellos reconocidos mundialmente, como “El viento se alza”, del famoso estudio Ghibli, que fue premiado en el último festival de cine de Venecia.
Es decir, en contra de la falta de contacto físico, existe una pasión desbordante por la ficción. Es decir, la ficción, el mundo digital, el Internet llenan los espacios que en otras culturas ocupan otros seres humanos.
Hatsune Miku es una cantante ficticia. Es una imagen creada por computadoras y el resultado de un proyecto que se basa en un programa de computación para utilizar un banco de voces que puede usar cualquiera. Hatsune se ha presentado en la ópera de París. Es decir, su imagen se ha proyectado en pantallas de alta tecnología que dan la idea de una cantante “real”.
Enamorarse de Hatsune es muy fácil, es una compañía que, de largo, supera la de una persona para cualquiera que pretenda ser miembro de la cultura otaku.
Este rápido recorrido por la identidad nipona puede permitir concluir que en tiempos modernos prefieren estar acompañados de su mundo ficticio, en el que no hay el riesgo del contacto físico, mucho más seguro que andar correteando detrás de unas buenas nalgas.
En su medio ambiente nadie se desgasta buscando a tontas y tuertas alguien con quien desfogar una contención explosiva de libido, eso lo resuelve por la vía de la autogestión, si acaso con la ayuda de lo que puedan hallar en sus computadoras.
Puede comprar un VR Tenga. Es un casco que utiliza un programa de computación que proyecta imágenes con contenido sexual. La información dice que “Para lograr llegar al orgasmo, el usuario debe introducir su pene en el VR Tenga y la máquina sexual se encargará del resto”, según publicó el medio digital www.diariocambio.com.mx.
Es necesario ir a por otra arista. La gran mayoría de japoneses en su casa no vieron nada parecido a un flirteo, coquetería, seducción, incitación o galanteo. Normalmente cuando un niño tiene la edad de darse cuenta de que sus padres están enredados en amor, la única evidencia que tienen y que se repite persistentemente es que el padre sale de casa a las ocho de la mañana y regresa pasadas las diez de la noche, de lunes a sábado. Los domingos va a jugar golf con clientes o amigos. Las madres son reinas y señoras de sus hogares, allí mandan, deciden sobre el dinero que venga en la billetera del marido, inclusive.
Pero la vida conyugal es harto yerma. Una japonesa decía que cuando nacen los hijos se acaba el amor. Muchos, muchos matrimonios duermen en camas separadas y cada vez más mujeres demandan el divorcio de sus parejas, hartas de que en el polígono de tiro no se escuche ni el susurro de una cerbatana.
Lo cierto es que la mitad de los estudiantes universitarios siguen vírgenes y de los entrevistados el 60 por ciento expresa enfáticamente una actitud contrasexual. Esto se suma a otra encuesta, desarrollada por la compañía de seguros Meiji Yasuda que demostró que la tercera parte de los hombres menores de 30 años no han salido nunca con una mujer. Se han ganado, localmente, el sobrenombre de “herbívoros” por alusión a su falta de interés por la carne.
Es un fenómeno más acentuado entre las mujeres, les interesa poco tener un matrimonio tradicional que les obliga a ser sumisas con sus esposos y no les quita el sueño la maternidad porque su prioridad es una realización profesional, para eso quemaron pestañas durante años de estudios.
Es decir, con gran esfuerzo logran moverse en un mundo laboral que todavía les excluye. Sin embargo, ni ellas ni ellos han tratado de saber algo más de sexo de lo que debieron aprender como una asignatura en el colegio.
Un caso que se toma como ejemplo comúnmente es este: “La hija de 12 años le preguntó a su madre si al dar la mano a su compañero puede quedar embarazada. La madre no supo que responder y consultó con su marido. Acordaron comprar un libro sobre educación sexual para informarse y así poder dar una respuesta con alguna base científica. Cuando el periodista preguntó qué habían hecho en definitiva, ellos contestaron que todavía no habían hecho nada al respecto”.
Las cifras que exponen las autoridades japonesas muestran que el 60 % de los padres nunca han tenido una conversación sobre sexo con su pareja. Por otro lado, solamente el 20 % de padres ha hablado con sus hijos y el 26 % con sus hijas de sexo, pues la mayoría cree que esa es una responsabilidad del sistema educativo.
Ahora, la sexualidad no es un tabú, no existe el velo de lo punible, tiene menos sentencias que en occidente. No está mal visto, no es perseguido por las religiones y lo que se recomienda es atender las medidas de prevención y de sanidad.
Algunas muestras: no hay conflictos morales con respecto a la desnudez. Una de las prácticas más auténticas de la tradición japonesa son los onsen, baños termales públicos. Si bien están separados los baños para mujeres y los hombres, todo el mundo anda sin ropa y nadie se escandaliza de los bamboleos ajenos.
Fuera de ello, en algunos barrios se anuncia a todo neón los love hotels, moteles temáticos que son hasta atracciones turísticas y en los cuales se controla solamente que los usuarios tengan más de 13 años, la edad a partir de la cual es permitido mantener relaciones.
Para abundar, los samurái, guerreros a órdenes de un sogún, esos personajes diestros con la espada que tantas simpatías ha creado en occidente, tenían como práctica común mantener relaciones carnales con sus aprendices.
La realidad sexual de los japoneses es muy diferente a las costumbres de occidente, la actitud contrasexual es nueva y se fortalece. El efecto futuro es el que realmente dispara las alarmas en las autoridades.
Si la tendencia negativa de crecimiento de la población se mantiene como hasta ahora, en treinta años habrá la misma cantidad de japoneses de más de 65 años que menores de esta edad.
Se calcula que se necesita cinco trabajadores activos que aporten a la seguridad social para mantener a cada uno de los beneficiarios de la jubilación. Si se llega a emparejar esta cifra, es decir que haya un trabajador activo por cada jubilado, el Estado deberá compensar los altos costos de la jubilación.
La cultura contrasexual es el producto de un desarrollo íntimo del archipiélago. Wolverine, el personaje de la serie de películas X-Men, en la última cinta que es rodada en Japón, tiene una conversación con una chica nipona que corta un diálogo afirmando que: “Tú no eres japonés, no lo puedes entender”.
Hay momentos en los que la diferencia geográfica se vuelve un abismo cultural. De cualquier manera, lejos de ser una excentricidad, es una expresión cultural, un hito de su evolución y un interrogante de la dirección que tomará la cultura contrasexual en el futuro.



Saludos, les veo pronto.