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miércoles, 28 de agosto de 2013

La inasible ambigüedad japonesa

 Saludos a todos:

 Hoy me propongo hacer lo contrario de lo que hacen los occidentales cuando vienen al Japón y se quejan de la falta de claridad de sus interlocutores. Luego de convivir un poco más tiempo con ellos cabe decir que el camino más fácil es descalificar la ambigüedad y salir por piernas con la popular frase de "él es raro porque no actúa como yo".
La realidad es más lejana y menos clara como para que los autores de algunos blogs se refieran en términos peyorativos a una cualidad que es parte de la identidad de este pueblo. En este artículo se va a describir, no calificar, la ambigüedad japonesa.
Vale la pena abrir las puertas para encontrarse, de frente, con el bastón y el genio de Jorge Luis Borges y su irracional fidelidad platónica hacia el Japón. Hace unos meses se publicó el artículo "Borges, un bárbaro en Japón", escrito por su servidor para Revista Mundo Diners (lo puede leer aquí). El lúcido escritor ciego relató lo siguiente: “Luego otro rasgo curioso es que el interlocutor siempre tiene razón. Yo recuerdo que visitamos el santuario del Buda en Nara (…) Vimos aquello y alguien al salir preguntó si la imagen del Buda era de madera. Un sacerdote que dominaba el inglés contestó: ‘Sí, es de madera’. Dejó pasar el tiempo y otro preguntó al mismo sacerdote: ‘¿De qué está hecha la imagen del Buda?’ El sacerdote, sin contradecirlo, sin ofenderlo, pudo decir: ‘De bronce, señor’. Todo eso corresponde a un modo muy complejo. A un mundo de buenos modales, a un mundo de gente educada, culta, y eso para mí, que era un bárbaro en Asia, me sorprendió”.
La cultura, a la que hace referencia Borges, tiene el ingrediente de la ambigüedad, entendida como falta de precisión, una veladura que provoca incertidumbre, dudas, confusión. Unas palabras dichas por un japonés, en general, no deben leerse con ojos literales.
El nipón evita enfrentarse, lo rehúye en niveles insospechados, tanto como para ni siquiera rozar con una contradicción a otra persona. Es muy probable que si alguien le pide al dependiente de una tienda de ropa una camiseta negra el vendedor prefiera decirle que la roja le quedará mejor para evitar contrariarle con la noticia de que no tienen camisetas de dicho color en sus perchas.
Evitar el conflicto en las relaciones humanas, evitarlo en todo lo posible. De hecho, la palabra "no" se usa poco. En la comunicación entre las personas se usa una fórmula protocolaria que, por convención social, ya es entendida por todos. La fórmula puede ir acompañada de un adjetivo que no responde con presición un requerimiento. La misma pregunta: ¿tiene camisetas negras? La traducción es difícil pero podría decirse en español "Un poco.... es difícil". Sucede con frecuencia que la frase quedará así "Un poco...." y el interlocutor entenderá que hay algo sobreentendido que no se dice para evitar contrariarle y se irá con sus huesos a buscar una camiseta negra en otra tienda.
El medio de comunicación público NHK tiene en su página web un programa en audio que enseña el idioma y la cultura japoneses. Advierte que es rutinario, cuando se saluda, comentar sobre el clima. NHK afirma: "Detrás de esta costumbre hay varios factores. Japón tiene cuatro estaciones bien diferentes durante las cuales las condiciones del clima cambian considerablemente. Otro es el hecho de que los japoneses somos tradicionalmente un pueblo agricultor de modo que desde la antigüedad la vida cotidiana ha sido muy afectada por los cambios del tiempo. Creo que nuestra inclinación por la ambigüedad que mencioné al principio es también un factor. Al comienzo de una conversación, ya sea con un conocido o con un extraño, tratamos de evitar cualquier tema que pueda resultar en una incursión en el mundo interior del interlocutor. Hablando del tiempo no hay de qué preocuparse, no hay riesgo de que la otra persona se sienta incómoda".
A lo mejor una de las claves es esa, la "incursión en el mundo interior" de una persona con la que se está hablando. Traspasar un límite que es variable, impreciso y abstracto. Para el monje del relato de Borges, negar que el buda de Nara es de madera significaba la posibilidad de indisponer a quién había preguntado, de turbar el equilibrio interno de quien preguntó.
Esta forma de ser es parte de la identidad nacional y ha durado por siglos. Pero ese portarse bien puede convertirse en todo lo contrario, cuando se juntan ciertas condiciones. En la primera mitad del siglo XX la política expansionista llevó tropas japonesas a Korea, China, Mongolia y Hawai. Y llevó a Yukio Mishima, el mejor escritor de la historia de Japón, a decir que sus conciudadanos son unas bombas de hidrógeno con conciencia. Es decir, mientras lo dominante sea la conciencia, como sucede ordinariamente, la vida transcurre con una sucesión de protocolos creados para respetar el mundo interior de los japoneses. Si se rompe el orden, se quiebra por completo, ni las cenizas se parecen.
Kenzaburo Oe, Premio Nobel de Literatura cree que "En el punto más bajo de la pobreza generada por la post-guerra, encontramos la fortaleza para sobrellevarlo. Puede sonar curioso que lo diga, pero parecemos no tener tanta fortaleza para sobrellevarlo como ansiedad ante las negativas consecuencias que surgen de la actual prosperidad". Esto fue dicho en Estocolmo, en el discurso de agradecimiento cuando recibió el premio.
Oe Llevó a Europa una fase del rostro nipón, una fotografía que es harto difícil de entender. La Japan External Trade Organization (Jetro), a la sazón la organización que promueve el comercio, ha publicado en su página web una guía para hacer negocios con empresarios de este país. La ambigüedad está ahí.
Por ejemplo, es peligroso pensar que por estar en la misma actividad económica las dos partes de una negociación “Hablan el mismo idioma”. Jetro dice que no todo lo que se quiere comunicar se dice; “Cuando los franceses quieren decir 100 cosas, van a verbalizar 150. Cuando los japoneses dicen 70 cosas tratan de conseguir que la otra persona entienda 100”.
De nuevo NHK: "Una manera muy común de rechazar una propuesta que nos ha hecho un cliente, por ejemplo, es kentô shitemimasu. Aunque esta frase literalmente significa «voy a estudiarlo» o «voy a considerarlo», a menudo transmite el mensaje «no espere una respuesta positiva»". Cuando un japonés dice que "sí" no quiere decir que acepta lo que le proponen sino que sí entendió. Luego, muchos empresarios toman el sí como una aceptación y piden una computadora donde escribir los términos del contrato, mientras que el japonés piden una computadora para escribirle para agradecerle por la reunión y pedirle más información. En esos falsos sobreentendidos se ahogan muchos negocios.
Esto se traduce en unas ventajas enormes en el vivir diario. Cuando el bus se detiene en una parada y el chofer instala una rampa para que suba un hombre en silla de ruedas nadie se atreve a emitir un suspiro para hacer notar que está apurado y que está perdiendo el tiempo con esa operación.
Pero también da pie al usufructo de ciertos taimados porque si alguien se adelante a la fila nadie le reclamará, porque nadie está dispuestos a entrar en conflicto ni a violar el territorio individual e íntimo de esa persona, por más negativa que sea.
Por otro lado, la participación política de la mayoría de ciudadanos es mínima. Y, más allá, el interés por quien dirige la política es casi inexistente, básicamente porque viven en un país que funciona y en el que existe una estructura organizativa gubernamental creada, desarrollada y afinada para evitar que se generen conflictos.
No enfrentarse es una convención social, como lo son para los occidentales comer con la boca cerrada o tratar de "usted" a personas mayores. Eso no quiere decir que el pensamiento individual sea homogéneo, el mundo está poblado de seis mil millones de universos diferentes.
En el idioma japonés hay palabras para definir los sentimientos internos y la conducta social. Solo ese hecho, el de haber creado términos específicos, ya implica aceptar la complejidad y la rigdez de los protocolos que determinan la ambigüedad.
En ese sentido, honne es una palabra que se refiere a los sentimientos y pensamientos de una persona como ser individual, son parte de la esencia íntima, un territorio casi absolutamente inexpugnable.
Mientras tanto, tatemae es la palabra que designa a la conducta social, la manera cómo se espera que una persona actúe o se comunique. 
Japón es un archipiélago. Los habitantes de estas islas son más organizados porque tienen que convivir lo mejor posible en un territorio que tiene uos límites muy claros.
Este país fue obligado a abrirse a occidente por la fuerza y eso creó un proceso de occidentalización que parecía profundo, absoluto e irreversible (ver al emperador vestir frac y no kimono es doloroso).
Pero cuando perdió en la segunda guerra mundial contra Estados Unidos parecía que su identidad se enterraría debajo de una masiva construcción de locales de Mc Donalds.
Lo que logró fue occidentalizarse sin perder su identidad. O ser japonés con una matiz estadounidense, como se lo quiera decir.
Pero sobrevivió, como Nación ha superado la influencia occidental. A lo mejor sea más prudente decir que es permeable a la influencia externa, la cual aprende, la somete a los filtros de su tradición y produce esto que se ve por las calles de este país cada día que el sol nace. De nuevo.

Estoy con ustedes en un rato más.

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