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martes, 8 de julio de 2014

Suspiros y deseos en la fiesta Tanabata

Me da mucho gusto volver a encontrarme con ustedes.

Tengo la intención de contarles sobre el festival Tanabata, que se celebra en Japón. Vale la pena arañar un poco más en una festividad que se vive con mucha alegría pero que su origen es melancólico. Bueno, mejor va la historia y algunas ideas y sabrán ustedes sacar conclusiones en su justa medida.
El séptimo día del séptimo mes se celebra la Fiesta de las Estrellas. Según el calendario solar, sucede el 7 de julio, pero según el lunar es después, el 7 de agosto, por lo que en Japón hay dos momentos de celebración del mismo evento.
Decoración en la calle principal de Hiratsuka
Es un suceso estelar. Se origina en el cuento "de la princesa tejedora y el pastor de vacas", quienes vivían en el cielo. Orihime (que equivale a la estrella Altair), la princesa tejedora, era hija de Tenkou, rey del cielo. La joven tenía una destreza única para tejer, las telas eran una divinidad para los dioses, pero tenía el defecto de trabajar demasiado. Su padre temía por su felicidad y decidió buscarle una pareja. El escojido fue Kengyu (que equivale a la estrella Vega), un pastor de ganado que tenía también la enfermedad de trabajar demasiado. Se conocieron, se enamoraron y se casaron casi en el mismo acto. Y se amaron. Y se amaron. Y tanto se amaron que se olvidaron del resto, también del telar y del pastoreo, se olvidaron que los miembros de la corte celestial no tenínan ropas que ponerse porque Orihime no había tejido y que el ganado de Kengyu andaba causando destrozos por la bóveda celeste porque no tenía ni mando ni control.
Detalles de la decoración del Tanabata
Tenkuo, el rey del cielo, montó en cólera y prohibió que los esposos volvieron a verse. Pero con tanto énfases que puso de por medio la Vía Láctea. Su hija Orihime se afligió con la vehemencia palñidera de una mujer enamorada y se lamentó hasta que el rey del cielo se apiadó de ella y permitó que se encuentre con su amado una vez al año, el séptimo día del séptimo mes.
Cuando llegó la fecha, los amantes no pudieron abrazarse: no había un puente que cruzara la Vía Láctea, se miraban desde orillas opuestas y suspiraban. Unas urracas acudieron al auxilio de la pareja dolida, las aves juntaron las alas y formaron un puente que sirvió como lugar de encuentro; todos los años acuden las urracas y por pocas horas los amantes desbordaban felicidad.
Se calcula que participan del festival dos millones de personas
Esta historia se ha contado desde dos mil años atrás en China. Durante el período Nara (del 710 al 794 de esta era) llegó a Japón con el nombre original de Qï Xï. La lectura china de los caracteres se puede traducir como "siete noches" y era conocido en la población como el festival para suplicar por habilidades.
En el archipiélago nipón, en esos años, se realizaba una celebración de purificación de inspiración sintoísta, en la cual un empleado del templo tejía un pedazo de tela especial, que se llamaba Tanabata, para ofrecerlo a los dioses y rezar para solicitar protección de los campos de arroz de la lluvia excesiva y de las tormetas, en definitiva, para pedir que la cosecha de octubre sea muy, muy buena. Los mismos caracteres, sin embargo, se leían en japonés Tanabata. Poco a poco sucedió la superposición hasta que se volvió 'El festival de las etrellas", como se le conoce ahora.
Sucedió aquello que pasa de tiempo en tiempo, que las costumbres de dos países, que tienen diferencias capitales, se convierten en una sola y se transforman, además, en una tradición que se hace un lugar entre los códigos de la identidad nacional.
Suele usarse yukata, vestimenta más fresca que el kimono
Es hora de ir a las calles de Hiratsuka, ciudad de un cuarto de millón de habitantes que está 60 kilómetros al suroeste de Tokio. Hay dos ciudades en las que el Tanabata es un suceso de magnitud: Hiratsuka y Sendai. En el resto del país hay adaptaciones.
Hay un lugar de festejo público pero los ciudadanos tienen su propia manera de celebrar la fiesta en sus casas. Lo visto sucede en la calle principal de la ciudad. Desde cada acera se elevan troncos de bambú inclinados cuyos extremos se encuentran en la parte más alta. Es la representación del puente que usan los amantes Orihime y Kengyu para encontrarse cada año.
Desde los palos de bambú culgan muchas cintas de todos los colores que simbolizan la Vía Láctea, las estrellas del universo. En los lados están dispuestas unas cuerdas en las que  están suspendidos  papeles rectangulares en los que las personas escriben sus deseos. Son de cinco colores: rojo, verde, amarillo, blanco y negro, que representan los cinco elementos de la naturaleza. Es válido escribir sobre los papeles solicitudes tan diversas como que  mejore la destreza para conducir un vehículo hasta la paz mundial, no hay límites. Pero además, se escriben mensajes y poemas para los eternamente enamorados y permanentemente separados. El reencuentro de Orihime y de Kengyu, la felicidad de las horas que viven juntos, es más poderosa que el resto de tiempo que están separados por la infinita Vía Láctea. 
En los árboles de bambú, en Japón, se suspenden los papeles con los deseos, durante el Tanabata todo el archipiélago nipon se convierte en el sitio de los deseos pedidos. Se cree que los amantes intercederán ante los dioses para que se cumplan. Es un momento de tanta felicidad que no existe buena intención que no se cumpla. Unos dos millones de personas van a esta pequeña ciudad en pos de aquello.
No existe lugar ni fecha en el calendario de fiestas de Japón en el que las calles que conviertan en una explosión tan impresionante de color. Y de sonrisas. Y de comida. Se calcula que se colocan unos 3.000 puestos de comida en las calles en los que se celebra el festival.
Al final del día todos los símbolos, la decoración y los mensajes se lanzan al río porque su flujo está unido al de la Vía Láctea y los amantes los leerán en algún momento.
También hay una canción tradicional compuesta para este día, se la canta a todo pulmón:


Las hojas de bambú susurran
meciéndose en el alero del tejado.
Las estrellas brillan
en los granos de arena dorados y plateados.
La tiras de papel de cinco colores
ya las he escrito.
Las estrellas brillan,
nos miran desde el cielo.


Pronto volveré con ustedes, gracias por venir.

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