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viernes, 25 de julio de 2014

Godzilla el bueno

Qué tal, ¿cómo están?

La mayoría somos muy jóvenes para haber visto la original pero ninguno se habrá saltado de ver por lo menos una película de Godzilla, el soberano indiscutible de los monstruos de la historia del cine.
Esta especie de tiranosaurio descomunal que ha asolado ciudades, un antihéroe que ha salvado a miles de seres humanos de las fauces de bestias aún peores, ha llegado otra vez a las salas de cine, en su trigésima edición (28 películas producidas en Japón y 2 versiones estadounidenses).

Parte de la promoción del estreno en Tokio de la película
Godzilla tiene 60 años en el cine, pero una edad indeterminada, la piel es áspera, rugosa, negra como pellejo de muerto; de la dorsal le brotan unas placas que se vuelven brillantes cuando la bestia va a escupir un rayo nuclear; la cola es como como un rastrillo descomunal que igual le sirve para nadar como para derribar un edificio.
Los más conspicuos estudiosos están de acuerdo que Godzilla se originó debido a las bombas atómicas que Estados Unidos estalló en las ciudades de Hiroshima y Nagasaki. La radiación de esos artefactos provocó la mutación de un animal que en origen habrá sido, para decirlo así, normalmente terrestre.

La sabiduría popular refuerza esta evidencia. En japonés el monstruo se llama ゴジラ y se pronuncia “gojira”. Es, en realidad, la unión de dos palabras y, como se verá, el cruce antinatural de dos animales por culpa de la radiación. Gorila (gorira en japonés) y ballena (kujira en japonés).
Esto no está escrito, pero cuando Tsuburaya Eiji estaba en el proceso de crear este monstruo se había estrenado en Estados Unidos King Kong. Por otro lado, en los mares, con los que tan bien conviven los habitantes del archipiélago nipón, el animal marino descomunal por naturaleza es la ballena.
Un creador japonés, evidentemente, hará siempre algo mayor y los 10 metros del simio estadounidense eran poco para sus planes: hizo lo que hizo y le puso una estatura de 50 metros a esta bestia aterradora que emergía con tanta ferocidad del fondo del mar. Sí, es además vale decir que es anfibio.


¿Cómo lograron filmar a Godzilla mientras emergía del océano Pacífico? Tómese en cuenta lo siguiente, la mayoría somos muy jóvenes para haber sido espectadores de la comunicación audiovisual sin efectos especiales. Pero existió. Dígase que la ausencia de las imágenes generadas por computadora finalmente provocó que se desarrollara en Japón una subcultura cinematográfica auténtica, el tokusatsu.
Se trata de películas filmadas con los que se conocen como efectos especiales prácticos; es decir, no son generados por una computadora y tampoco a través de la animación stop-motion (es una técnica de animación que consiste en aparentar el movimiento de objetos estáticos por medio de una serie de imágenes fijas sucesivas).
Tsuburaya Eiji, el creador, estaba apremiado y tomó la decisión de fabricar un traje para que sea usado por un actor; y, por otro lado, construir una maqueta de la ciudad de Tokio, el primer escenario que es convertido en escombros por la Godzilla.



El primero de los “actores de traje” fue Nakajima Haruo. Tiene 85 años y todavía recuerda “…lo duro que era el trabajo de un actor de su clase, dentro de un monstruo creado con una mezcla de plástico, caucho crudo y látex. Unos cuantos agujeros horadados en el cuello de la bestia era lo que permitía al actor respirar y ver el exterior. Pero eso no era lo más duro: ‘lo que más sufríamos era la soledad. Si no nos ayudaban a salir del traje no salíamos. Por eso nos sentíamos muy agradecidos cuando nos sacaban de ahí. En mi caso era muy difícil entrar y salir del traje, y eso era debido a los materiales con los que estaban hechos los kaijū de esa época”. Estas palabras las dijo Nakajima Haruoen una entrevista que ofreció a nippon.com y que se puede leer íntegra aquí.
Con toda esta parafernalia lista, filmada en los estudios Toho, los dueños del personaje,  Tsuburaya Eiji filmó otras escenas de personas reales y les incorporó a la cinta. Creó la primera historia en la que una bestia descomunal generaba un terror indescifrable entre el público de las salas de cine.


En el mismo medio, nippon.com, Hikawa Ryūsuke publicó un artículo titulado “Godzilla, la cultura del ‘tokusatsu’ y sus efectos especiales”. En esa publicación afirma que “En el extranjero existe una tendencia a representar de una forma realista las criaturas, sean dinosaurios o animales salvajes que se vuelven gigantescos, pero en Japón las cosas son diferentes: los monstruos como Godzilla emiten radiación y lanzan rayos, habilidades que trascienden los límites científicos”.
Es, además, una mutación que en la mayoría de las películas tiene una inteligencia casi humana y, a pesar de lo aparatoso de su tamaño, de sus movimientos y de sus haceres, siempre salva a muchos, muchos humanos.
Es feo, grande, derriba lo que está a su alrededor, pero es, como consta en su biografía, Godzilla el bueno.


¿Nos vemos en el cine?

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