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miércoles, 29 de mayo de 2013

Kamon: heráldica minimalista

Siempre es un placer encontrarme con ustedes.
 

Hace poco, durante un rito de yabusame, con Mi Señora miramos unos dibujos bordados con hilo dorado sobre el terciopelo negro de las chaquetas de los arqueros. Cada uno tenía un dibujo diferente, las monturas también tenían grabadas la ilustraciones.Luego de despegar la mirada de esos diseños lindos y luego de mirar alrededor noté que los había por todas partes. Evidentemente no eran unos dibujos para adornar la ropa sino que tenían otra trascendencia.
Así como en Europa se elaboraron escudos de armas supercomplejos para identificar primero a los linajes y después a las naciones, en Japón se los creó para diferenciar familias, primero, y sogunatos después.

Arquero yabusame: el emblema ocupa todo el hombro
Se llaman kamon y la creación gráfica es muy diferente, en cuanto que se basa en diseños que buscan ser lo más simples posibles; vale decir que el japonés por naturaleza lleva los temas a una complejidad tal que termina por lograr lo más simple, lo más esencial.
El kamon forma parte de la necesidad, nacida de la naturaleza humana, de diferenciarse, de informar a todo el que quiera saberlo que una persona pertenece a esta familia y no a estotra, señalar que alguien o algo forma parte de una tradición, tiene una historia que abraza, se identifica con la identidad y la proclama.
La diferenciación también determina una forma de pensar. Cuando una familia adoptó un símbolo que lo represente también decidió que quería que su nombre se relacionara con el concepto que simboliza ese objeto. Es decir, la flor de bambú significa docilidad y larga vida; idealmente, los miembros de una familia con ese kamon serán personas longevas y además buenas gentes.
El emblema bordado en el kimonio
La mayoría de los símbolos se han recogido de la vida natural. No hay que olvidar que los japoneses tienen una unión especial con la naturaleza, buena parte de las deidades de la religión sintoísta son elementos naturales.
No hay unas normas rígidas para diseñar un emblema. La mayor parte son circunferencias que contienen alguna forma. Lo de la circunferencia debe tener relación con el sol. Luego, en el interior se estiliza diseños de plantas, animales, el ser humano, formas geométricas, símbolos religioso o ideogramas. 
Con el tiempo las personas de a pie, los gremios, las empresas, todos encargaron la elaboración de una señal que los distinguiera (se diferencia de alguna manera de una marca porque la identificación no tiene una intención comercial, como sí lo tiene la marca).
De igual manera, la lectura y la escritura eran privilegios de la clase dominante, de manera que la identificación gráfica facilitaba la vida diaria. En los templos, por ejemplo, o en algunas casas aún hoy persisten en los tejados unos terminados en cuyo extremo está el emblema de una familia que ha tenido una relación importante con esa edificación.
La casa imperial japonesa se identifica con la flor del crisantemo de 16 pétalos y ese es el símbolo que está reconocido en el Japón como el que más respeto les merece. Todo aquello que tenga que ver con el emperador (que para los nipones desciende directamente de sus dioses) está marcado con la flor del crisantemo y ese número exacto de pétalos.
El emblema de la Casa Imperial en el templo de Yasukuni
El mayor de los emblemas del país, su bandera, sigue la línea minimalista pero altamente simbólica de esos tradicionales diseños. El fondo blanco y un círculo rojo en el medio, de eso se compone. No necesita más.
La deidad principal del cielo sintoísta es Amaterasu, que es la diosa del sol, quien fundó el país. Vamos un poco más allá, Japón, en japonés, es una palabra que se divide en dos ideogramas: 日本. El primero, 日, que es una manera de llamar al sol; y, 本, que significa, entre otros, origen: el sol del origen (de ahí el apelativo de "el país del sol naciente").
Se estima que en todo el país existen algo más de 20.000 kamon. Uno de los emporios más reconocidos internacionalmente es Mitsubishi, cuyo logotipo es un kamon y está formado por dos conceptos, que marcaron el origen de dos dibujos finalmente fusionados: mitsu, que significa tres; hishi, que significa diamantes. Fue tomado del emblema de la familia del sogún Tosa Yamauchi



En un inicio, hace mil doscientos años, los signos se usaban para marcar las carrozas de los nobles, que todos se enteren que un señor de renombre andaba en su medio de transporte y que a nadie se le pasara por alto rendirle los honores y las pleitesías.

Pero con esa señal se fueron marcando objetos y luego identificando a los samurai que estaban al servicio del sogún, de manera que se reconociera rápidamente a aliados de enemigos. Al final, se convirtió en una heráldica que hasta hoy identifica a familias tradicionales.
El uso de elementos gráficos para señalar la identidad de una persona ha continuado hasta ahora. El japonés no tiene la costumbre de firmar con el estilo occidental, con esos rayonazos rococó que encierran a un nombre escrito a toda velocidad.
En los documentos en los que se debe firmar generalmente no existe una raya, no hay aquello de "firme encima de la línea", el espacio es un círculo.
Lo que usan los ciudadanos en vez de la firma son una especie de sellos, llamados hanko. De acuerdo al uso, cada persona tiene diferentes hanko. Uno es el oficial, que debe registrarlo ante las autoridades; es igual a la firma que se legaliza en el documento de identidad. Sirve para actos importantes como la compra de algo de alto valor, el matrimonio o una declaración juramentada.
Hanko
Hay otro que se usa para las gestiones cotidianas en el banco, para la recepción de paquetes del correo o para marcar como leído un documento; ese no es registrado. Puede
haber otros para enviar cartas a los amigos o para fines menos formales.

Cuando deben firmar con esfero nada más escriben su nombre utilizando kanji (ideogramas) y evitan cualquier otro trazo. Pero lo común será que saquen una cajita muy mona que contiene, por un lado, una madera en forma cilíndrica en uno de cuyos extremos está tallada la señal de la persona; en la caja también está un recipiente con la tinta. Eso es suficiente. Un ser humano es un dibujo y no unas letras.
El kamon y el hanko son ejemplos de una estética puramente japonesa, que ha tenido la influencia zen en cuanto a hacerlo todo lo más simple posible, decir mucho con pocas palabras, expresar una identidad con solamente un par de trazos.

Les veo pronto.

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