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jueves, 18 de abril de 2013

Ejecutivos con delantal

Saludos a todos:

Era una feria de domingo como muchas otras que suceden, con mucho ruido, en Koshigaya Laketown (el más grande complejo de tiendas de Japón) El invitado central: el banano (y de refilón el plátano verde para ver si se convence a los japoneses que el patacón es una de las siete maravillas del mundo). Los organizadores: Maruetsu, una cadena con más de 250 supermercados, y la Oficina Comercial del Ecuador en Japón.
La fotografía es clara. Este hombre que tiene puesto un delantal, Hosokawa-san, en ese momento estaba vendiendo bananos. A las siete en punto de la mañana estuvo dispuesto para montar la feria, no paró de trabajar ni un instante. Al final de la jornada, se esforzó como todo el resto hasta que el piso quedó brillando y todo estuvo en su lugar.
Hosokawa-san, alto directivo de Maruetsu
Este hombre, en ese momento (luego fue ascendido), era el que decidía qué importa Maruetsu en cuanto a alimentos frescos. Como se sabe, sobre el 70% de los alimentos que se consumen en Japón son importados, porque tiene muy poco espacio para sembrar y mucha población que alimentar. Gerente de una división de una empresa de un tamaño que es inimaginable en mi país.
En mi país, los gerentes, los domingo, van con su familia al club a jugar golf, salen de paseo o llevan a sus padres a almorzar fuera. Ningún día de la semana se ponen un delantal, nunca cargan una caja ni vocean las virtudes de su producto.
¿Quieren saber ustedes por qué Japón es la tercera economía del mundo y Ecuador está por el puesto número cien? Entre otras cosas por esto, por la dedicación al trabajo. En mi país buena parte de los gerentes fueron puestos allí porque son familiares del fundador, en Japón llegan a ese cargo después de quemar muchas cejas (también hay de lo otro, pero  menos).
Hace poco estaba leyendo "Japón y la cultura de la quietud", de Karlfried Graf Dürckheim, un alemán que vivió por mucho tiempo en este país, y esbozaba algunas características de la idiosincrasia nipona que puede explicar esta realidad.
Según los estudios del teutón, la religiosidad (los rituales religiosos en definitiva) se vive a través de acciones o de tareas que sean fáciles y repetibles. Debido a su naturaleza, cualquier trabajo que deban hacer adquiere este matiz religioso. Ese es un camino a la perfección espiritual de manera que tratan de hacer cada vez mejor la tarea que sea: barrer, limpiar baños, atender a los clientes, decidir las inversiones de una corporación transnacional.
Las acciones más "complicadas" -esto ya es parte de mi manera de ver las cosas- entran en el mismo saco, el de volverlas un acto sencillo, repetitivo, que se puede perfeccionar. Además, una tarea no es más importante que las otras.
Por eso, el gerente de compras, que debe manejar solito un presupuesto superior a los diez millones de dólares, se pone el delantal el domingo y vende bananos mientras pregona sus virtudes.
Pero además de ese sentido individual de responsabilidad está el cumplimiento de objetivos. Una noticia reciente informa que el presidente de Panasonic ganará un 60 % menos de su salario porque no alcanzó las metas previstas. A los altos ejecutivos de la empresa les han reducido el sueldo entre el 30 % y el 40 % y la medida podría también involucrar a los empleados.
Pero nótese la forma de la pirámide, quien primero sufre es la persona que tiene la responsabilidad global pero también el sueldo más alto, al contrario de lo que suele suceder en mi país donde se castiga a los trabajadores y al precio del producto final (es decir, a los consumidores), pero jamás ni un centavo de los directivos.
Yo sé que en mí país no todos son malos y que en el Japón no todos son buenos, pero creo que nos haría bien aprender esta actitud de humildad empresarial, comenzar a valorar menos la forma y más el fondo, menos el continente y más el contenido.
Buena parte de los ejecutivos que trabajan en Tokio llegan a sus oficinas en bicicleta y la estacionan al lado de la de cualquier empleado. No creo que este país sea la tercera economía del mundo porque tiene muchas bicicletas sino porque tiene ejecutivos dispuestos a usarlas.

Les veré pronto

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