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miércoles, 3 de abril de 2013

Corea del Norte y el circo de occidente

Hola a todos, es un gusto comunicarnos.

Probablemente el título sea errado y debería decir "Corea del Norte y el circo de Obama". Al final evaluaremos lo del principio.
Desde Quito varias personas, incluida mi hija de ocho años, me han hecho saber su preocupación por la tensión militar de la península de Corea. "Papi, ¿Corea está muy lejos de Japón?", me ha preguntado. Y le he dicho que sí, que hay un mar que los separa y unas dos horas de vuelo en avión, pero que no se preocupe por lo que haya oído.
Pero, en comunicaciones oficiales en el Asia ya se habla de "la guerra de las Coreas".
Este conflicto ha llegado a oídos de mi hija debido a un elemento que se destaca: la guerra del verbo; con dos estilos diferentes. Es decir, por ahora se trata de la amplificación de las amenazas que se hacen dos enemigos, de los gritos destemplados por demostrar quién es más valiente.
El antecedente que sigue es importante: Corea había una sola hasta que llegó la época en la que los imperios decidieron dividirse el mundo en partes igual: Estados Unidos se quedó con los territorios que están desde el paralelo 38° hacia el sur y la Unión Soviética con la zona norte, todo esto luego de liberar a Corea del colonialismo japonés.
En 1953 el conflicto mal se arregló cuando se firmó un acuerdo de cese al fuego. Pero los dos países, dependientes absolutos de dos potencias, no avanzaron en un acuerdo de paz y menos en uno de unificación. La URSS y EE.UU. sostuvieron por medio siglo un mundo dividido para defender sus intereses y trabajar por una sola Corea, como ha sido históricamente, no está en los planes de los imperios.
Pero bien, con el tiempo, Corea del Norte siempre que pudo le gritó tres cosas a Estados Unidos, en épocas más modernas con la valentía que le ha nacido gracias al padrinazgo de China, el mayor y casi exclusivo socio comercial.
Para EE.UU. es estratégico, en geopolítica, tener buenos amigos en el Asia, que significa mantener socios comerciales y sostener bases militares. La lista de "amigos" es Japón (a la fuerza, víctima del único ataque nuclear de la historia); además, vencer a Japón en la II Guerra Mundial significó, como premio adicional, llevarse Corea del Sur.
Desde entonces, la dinámica ha sido más o menos parecida: forcejeos verbales entre las dos coreas y de tiempo en tiempo insultos que han rebotado hacia a Estados Unidos (siempre es incómodo saber que, solamente en tropas, Obama tiene más de 100.000 regados entre Japón, Corea del Sur y Guam).
En esta vez hay algunos hechos que se han sumado: Corea del Norte logró enviar un cohete al espacio (en el segundo intento), luego hizo una prueba nuclear. Casi inmediatamente, Estados Unidos y Corea del Sur realizaron maniobras militares, aviones estadounidenses violaron el espacio aéreo de Corea del Norte, la cual realizó maniobras militares navales y sus barcos rozaron el espacio marítimo de Corea del Sur.
Unas demostraciones de fuerza por aquí y por allá seguramente no harán la diferencia a lo que ha sucedido en el pasado y tampoco modificará ciertas paradojas: Estados Unidos sigue enviando alimentos a Corea del Norte dentro de un programa internacional de asistencia, Japón mantiene todavía diálogos comerciales con Corea del Norte, China y Rusia piden calma a todo el mundo.
Pero la información que llega a occidente es diferente. Allá llegan las imágenes de un presidente de Corea adolescente, inexperimentado e impredecible. A pesar de que no necesariamente es todo eso, para los países que están fuera del Asia esa imagen es una materia primera mediática muy importante y abundantísima.
Hay un antihéroe con un cerebro retorcido y malévolo que tiene el dedo sobre el detonador de un dispositivo nuclear con el que destruirá todo el planeta y gobernará sobre las cenizas. Y hay un ángel vengador que se pasea por el mundo en sus portaviones y sus aviones para proteger el bien. Listo: el resto es cocinar a fuego lento e ir sirviendo porciones de a poco.
Es muy difícil para mí explicarle a mi hija Sara, de ocho años de edad, esta realidad, porque de alguna manera tengo que tratar de explicar la naturaleza humana. En estos ejemplos, la naturaleza humana apesta. Y enseguida tendré que salir corriendo para encontrar ejemplos más perfumados que logren imponer el equilibrio.

Les veo pronto.