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jueves, 20 de septiembre de 2012

Osaka azul

Saludos a todos:

Había dos eventos en la planta baja ese día: se estrenaba una casa de sustos y había una cola de unas 200 personas para entrar; y, lo otro daba la impresión de ser el Oktoverfest alemán, pero estábamos en la primera semana de septiembre. Las cervezas y las salchichas circulaban con una arrogancia octubrina, mientras los gritos de las adolescentes en las cercanías ponían un fondo musical extraño.
Umeda Sky Building. Foto de Micaela Samaniego
Me refiero a estos dos eventos porque me distrajeron de aquello en que me iba a meter en unos minutos. En todas las guías turísticas de Osaka recomiendan una visita al Umeda Sky Building, por la maravillosa arquitectura y la incomparable vista. Los esparcimientos descritos en el primer párrafo sucedían en los patios adyacentes a esta construcción.
Sin mayor apremio nos metimos en el ascensor y cuando habíamos ascendido los primeros cinco pisos las paredes de la caja del ascensor se convirtieron en vidrios. La docena de encerrados viajantes emitieron un suspiro de emoción, el mío fue el rumor del terror.
No me gustan las alturas y no me gusta la sensación de ascender a toda velocidad sin paredes "tangibles". De manera que me concentré en una pantalla que indicaba el número de metros que íbamos ganando. Cuando marcó los 160 metros y las paredes habían vuelto a cubrirnos se detuvo esa caja de terror.
Este edificio fue construido por el reconocido Hiroshi Hara, son dos torres que están conectadas, en la parte más alta, por escaleras eléctricas, a través de las cuales se llega al "Observatorio del Jardín Flotante". Este edificio fue construido en 1988. Como todos los edificios japoneses, se levantan hasta el límite prudente en consideración de los movimientos sismos (en 1995 se probó con éxito con el llamado terremoto de Kobe, a pocos kilómetros de distancia, de 7,2 grados de intensidad, algo más de 6.000 muertos y pérdidas equivalentes al 2,5% del PIB de Japón).
Vista de la Bahía de Osaka
Mientras pagábamos la entrada para subir al observatorio la realidad sísmica del archipiélago apareció por unos segundos en mi mente. Y desapareció enseguida porque nos montamos en las escaleras eléctricas que unen las dos torres y que literalmente se suspenden en el aire.
El Observatorio del Jardín Flotante es un enorme anillo que se posa sobre las dos torres, como el aura. Las paredes son otros ventanales, de manera que da la sensación de que esa pendejada está sostenida de nada a ninguna parte. Pero la vista de Osaka y de la Bahía de Osaka es apabullante. Para mi Nikon D80, cansada de tomar tantas fotos con la visión de mi ojo parchado, las cosas en esa última luz de la tarde fueron azules. Osaka la azul.

Pero mi terror seguía siendo negro y de a poco se fue rematizando a café. En el subsuelo de ese mismo edificio se reprodujo las calles y casas de la ciudad de principios del siglo XX. Para comer el maravilloso okonimiyaki de Osaka había una fila larga, así es que esa noche nos contentamos con tapas y un litro de buena cerveza local.
Pero desquitamos al día siguiente, cuando Sugimoto sensei nos llevo a una de esas huecas de antología. Esta mujer de cerca de 40 años -y que como buena japonesa aparenta 22- nos llevó a uno que queda dentro de un shotengai. Se trata de calles donde hay mucho comercio y de cualquier producto imaginable. El movimiento es tanto que los municipios las vuelven peatonales y las cubren. Muchos negocios funcionan las 24 horas, sobre todo los de comidas.
 





















En los shotengai y en las estaciones de metro o tren se nota mucho presión de la población. Osaka tiene el doble de densidad de Tokio y eso es decir bastante: 12.000 habitantes por kilómetro cuadrado (cuatro veces más que la de mi natal Quito).
A pesar de que fue capital del Japón pocos años, siempre ha tenido una importancia radical en materia económica. Las históricas capitales estuvieron a los lados: Kioto y Nara. Son las tres ciudades básicas de Kyushu, que se considera el sur del archipiélago y tiene importancia radical.
Cuando se fundó el país (entre dioses, shogunes, monjes y pueblo llano) esta región se conoció como Yamato. Esta palabra es fundamental porque al mencionarla significa hablar del Japón más tradicional, más cerradamente único, el de las islas cerradas a cal y canto que desarrollaron una civilización que no se puede comparar con ninguna otra.

Sigo más tarde con otros cuentos como este. Gracias por haber venido.