Portada

jueves, 13 de septiembre de 2012

Buda, un narizón, un taxi y un suicidio: Kurama

Mis estimados todos:

El restaurante era de lo más simple. Una construcción adaptada para servir alimentos, una casa de una veintena que completan el censo de pueblos como este, que se construyeron al amparo de los grandes complejos religiosos japoneses. Más todavía cuando son villas de montaña.
La una mesa, la grande, estaba ocupada por nosotros: Mi Señora, Micaela, Isabela y su servidor. En la otra se sentó un japonés que enseguida armó conversa, muy poco en inglés y mucho en japonés.
Dependimos en absoluto de Mi Señora, su poder de concentración y el conocimiento de japonés para saber que era conductor de taxi, que era budista, que no tenía ningún problema en decirnos cómo vivir muchos años y con mucha vitalidad, que su hija se había suicidado y tampoco tardó en tomarnos unas fotos.
La parte de su larga conversación, expuesta mientras sorbíamos completamente indecentes unos fideos magníficos, y que además no entendimos mucho, fue la de un personaje que da la bienvenida a quienes se bajan del tren: cara colorada y un narizón de antología.
Kurama-dera
Pero vale, Kurama además es famosa por ese personaje. Pero también por otros datos que hallados en la información local: con harta humildad cuenta los primeros datos de la historia local signados... hace más de seis millones de años.
En ese entonces, Maoo-son, un dios considerado como el poderoso conquistador del mal y del espíritu de la tierra, viajó desde Venus hasta el monte Kurama para salvar a la humanidad. De hecho, el desarrollo de la humanidad y de todos los seres vivientes ha emanado desde el monte Kurama, y el espíritu que allí dejó Maoo-son fue transferido al monje Gantei.
El religioso fundó, en 770 d.C. el Kurama-dera, complejo religioso con todas las de ley, que además cumplía funciones de estrategia geolpólitica, pues era el templo protector de Kioto, por entonces capital del Japón. Por esas montañas llenas de espíritus apareció O Tengu.
El O Tengu, o "gran Tengu" es el gran jefe, el comandante de unos demonios creados por Susanowo-no-mikoto, el dios de la tormenta y hermano de Amaterasu, la diosa del sol, regente del shitoísmo.
Le literatura local no dice por qué son malos estos demonios, ponderan la enorme nariz y el rostro que tiene un bochorno eterno, pero no apunta qué tipo de daño acostumbran a causar. Más bien, son conocidos por haber fundado las escuelas de esgrima, inventar el jujitsu y reivindicar el origen divino de las artes marciales.
Antiguamente había unos monjes guerreros ascetas ermitaños que habitaban la montaña Kurama. Se les atribuía poderes como la magia, eran curanderos, desarrollaban técnicas de meditación, conjuros, hechicería e, inclusive, actuaban como mediums con los seres de este mundo.
O Tengu, gran jefe demonio
Por estos montes tan completamente vestidos de árboles pasaron Senju-kannon, dios de mil brazos, la deidad de la compasión; Bishamon-ten, dios de los guerreros; y el ya mentado Maoo-son. Los tres forman el símbolo del poder, la luz y el amor, "el supremo espíritu del universo", llamado sonten (parece ser un equivalente del Nirvana).
Templos entre montañas: se oye el aleteo de los espíritus
Entonces sí, luego de haber leído esta información entendimos lo que trataba de decirnos el taxista: se puede vivir mucho tiempo y con mucha felicidad en base del poder, la luz y el amor. La clase de budismo había terminado al mismo tiempo que el taxista se terminó su segundo cigarrillo y nosotros dimos por acabado el plato de fideos.
Antes de comer habíamos visitado el complejo religioso de Kurama. La pendiente es muy fuerte, en una parte es posible ascender en un cable car y luego seguir a pie por senderos muy bien mantenidos, debimos hacernos el quite de rayos de sol que se colaban entre los árboles como espadas de guerreros míticos.
Luego de visitar algunos altares y de tomar fotos a una mantis religiosa, nos escondimos del calor del verano debajo de los árboles que están en el jardín del Honden, el templo principal del complejo. Hay un sonido muy pronunciado a espíritus que aletean por todas partes.
Es una tradición que los japoneses se paren en el medio del patio central, se tomen los dedos índice y medio con la mano izquierda y oren para captar el poder que guarda y reparten el templo y la montaña a manos llenas.
En 1922 Micao Usui estuvo 21 días en la parte más alta de Kurama. Cuando bajó de este lapso de meditación y ayuno fundó el Reiki. Es una práctica considerada como medicina complementaria que busca la sanación a través de la imposición de las manos para canalizar la energía vital universal.
Patio central del templo de Honden
Con tanta vida alrededor, el taxista se dio el lujo de cerrar su perorata contando la historia de su hija. La linda joven, al menos así se veía en las fotos, se casó con el hombre equivocado, según la versión de su padre.
Este hombre le llenó de demonios la cabeza y fue internada en un hospital para tratar de sanarla, pero saltó desde el último piso y perdió la vida. El compañero de comidas contó su tragedia personal para insistir en que el budismo permite tener una vida equilibrada, que es lo que se necesita. La historia no nos generó una pena excesiva porque el padre de la víctima la contó con una especie de fortaleza didáctica.
El viejo tren rueda entre árboles y espíritus
Más tarde fuimos a un onsen cercano, a dar alivio al cuerpo y a reforzar la recarga energética que recibimos en el templo.
Tomamos el tren y una hora más tarde estuvimos en la estación central de Kioto. ¡Ay, este país de alegorías sorprendentes!
(En alguna parte de esta huida al sur hablábamos de las maravillas que uno descubre por un lado y por el otro y nos costaba creer que en Ecuador tengamos tan poca curiosidad por nuestra identidad).

 Ya les cuento más sobre el sur. Denme un rato para organizar las ideas.