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jueves, 26 de julio de 2012

La ciudad de abajo

Siempre será un gusto saludarles.

He vivido casi toda mi edad en una ciudad horizontal. Es decir, las cosas suceden la una al lado de la otra y solo en casos de la esclavitud laboral o de la vivienda los espacios están el uno arriba del otro.
Una de las primeras cosas que me dijo Mi Señora cuando llegamos a Tokio es que debía ver para arriba. Y de su mano aprendí que también hay que ver la ciudad de abajo. Sí hay opciones para que la ciudad crezca para los lados, con una visión horizontal, pocas pero existe; pero la soluciones a los problemas de una ciudad que carga el trofeo de la de mayor densidad poblacional del mundo son más fáciles desde una perspectiva gravitacional. O antigravitacional. Arriba y abajo. Hacia el cielo o hacia el centro de la tierra.
De entre las decenas de aristas que se analizan para mitigar los efectos de los fenómenos naturales, hay una que me ha llamado la atención. El municipio de Minato-ku, al que pertenece un pedazo del Tokio metropolitano y una pequeña parte del gran Tokio, tiene calculado que tiene 40 minutos para evacuar a los habitantes de la ciudad de abajo.
Vamos por partes: la ciudad espera desde hace décadas el ya bautizado "Gran Terremoto de Tokio". Luis, un amigo chileno, cuando llegó a Japón hace 30 años, escuchó que "the big one" se produciría en los siguientes 20 años. Recientemente hubo una fricción entre el mundo académico y las autoridades. Los científicos vaticinan que ese fenomenal remezón sucederá en los próximos cuatro años. Las autoridades dicen que en los siguientes 30.
Los unos y los otros navegan sobre la predicción científica porque nadie está en capacidad de anunciar con anticipación un colosal eructo geológico.
Pero, la capacidad de análisis del comportamiento de las placas tectónicas ha avanzado mucho y también el análisis de las tendencias históricas. Es decir, se ha descubierto que ciertas tendencias previas a un terremoto mayor, sucedido en 1923  se repiten ahora.
Por eso, hay que estar prevenidos. La línea que divide a la prevención de la paranoia es frágil, sobre todo para quienes hemos vivido en un mundo de improvisaciones. Pero, los japoneses se preparan toda su vida para enfrentar con serenidad un movimiento sísmico que quizás no verán nunca. Y no sufren de paranoia, es quizás patrimonio de los extranjeros.
Mi teléfono móvil viene con una aplicación de paquete, una alerta de terremoto. Es decir, cuando el epicentro se estremece, el teléfono emite una alarma. Existen otras aplicaciones para aparatos digitales de alta tecnología en las que cada uno puede programarlo para que emita alarmas de acuerdo a la intensidad de la sacudida. Desde que se produce el sismo hasta que las ondas lleguen al lugar donde uno está pueden pasar unos valiosos siete segundos.
El mío está preparado para hacer sonar un chirrido insistente cuando hay seísmos de más de 5,5 grados en la escala de Ritcher, que puede significar un Shindo de 4. El Shindo es una medida de intensidad sísmica desarrollada por la Agencia Meteorológica de Japón, muy parecida a la escala de Mercalli, e indica la sensación que tienen las personas. Es decir, si tuvo 5 grados en la escala de Ritcher cerca del epicentro se sentirá de 5, a 50 kilómetros se sentirá una escala de 4, a 100 un nivel de 3 y así sucesivamente. El anterior es un ejemplo, porque el Shindo depende de otros factores.
Pero bueno, volvamos al punto desde el que, como dice Les Luthier, nos metimos a "navegar por caminos sinuosos". Cuando suceda el "Gran Terremoto de Tokio", que tendrá una magnitud superior a ocho grados, inmediatamente habrá un tsunami. El municipio de Minato-ku calcula que habrá 40 minutos para evacuar a todos quienes estén en ese momento bajo tierra. El subterráneo es un sistema intrincado de corredores con tiendas, restaurantes, cafeterías, pubs, galerías, museos, oficinas públicas, que se instalaron allí para aprovechar que son áreas de tránsito de los usuarios del metro y, además, para aprovechar el espacio vertical.
La Bahía de Tokio, donde se produciría el gran terremoto
De acuerdo a los científicos, el famoso terremoto tokiota provocaría un tsunami con olas de más de 30 metros. El agua en desbandada se irá por donde le mande la gravedad y eso es hacia la ciudad de abajo, hacia el sistema de transporte subterráneo.
Se calcula que en esos cuarenta minutos deberán salir ordenadamente dos millones de personas. ¡Uf! Solamente en la estación de Shinagawa transitan unas tres millones de personas al día y hay miles que trabajan en negocios que están bajo tierra.
Hace poco se hizo un simulacro en el que participaron más de 15.000 voluntarios. Todo funcionó bien, pero no es lo mismo plantearse todas las posibilidades teóricas que la verdadera secuencia de sucesos.
De todas maneras, vale cualquier esfuerzo por prevenir. Estar preparados es el primero y verdadero paso para mitigar. Mientras tanto, en la ciudad de abajo habrá que seguir jugando a hacerle muecas a la paranoia y colocarse cómodamente en el espacio de la prevención, ahí donde la sensatez manda.

(Antes de firmar este artículo hubo un sismo de 3° en la localidad de Ibaraki, Shindo 1 para Tokio, sin alerta de tsunami. Eso me pasa por hablar de cosas que no se deben).

Nos vemos pronto.

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