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lunes, 2 de julio de 2012

El pozo sin fondo


Buenas con todos, me da gusto saludarles.

Como sucede siempre con el imperio de lo mediático, que es lo mismo que decir el imperio de lo urgente que aplasta a lo importante, quien escuche hablar de Fukushima enseguida hace un juicio de valor como este: “Es el colmo que el gobierno del Japón mantenga todavía generadores nucleares. Deberían cerrarlos todos”.
Ese será el típico comentario publicado en Face Book por algún “comprometido” de las redes sociales (que es lo mismo que decir un “responsable de cartón”).
Es cierto que la energía nuclear en Japón ha provocado una crisis de rompesesos, además de las otras que ya son conocidas; mejor dicho, la falta de generación eléctrica de origen nuclear es la que tiene a las autoridades cayendo constantemente en un pozo sin fondo: “¿Y ahora, cómo satisfacemos la demanda de energía?”
Lo de Fukushima fue la suma de todos los males. Estoy seguro que ningún país, ninguna empresa de generación de electricidad y ninguna planta nuclear del mundo está preparada para enfrentar dos fenómenos naturales, que se produjeron con una magnitud aterradora. De manera que para rasgarse las vestiduras primero habrá que ver la realidad exacta; o su mayor aproximación.
Hasta donde he podido investigar, la planta nuclear de Fukushima tiene un sistema de enfriamiento eléctrico, la electricidad la obtiene de la misma planta. Cuando hubo el terremoto (8,9 grados de magnitud) se fue la luz y se encendió inmediatamente el sistema alterno, una planta a diesel.
Luego vino el tsunami, con olas de 40 metros y se llevó el generador térmico, lo cual dejó el sistema de enfriamiento a cargo de un sistema de baterías. Pero el tiempo de vida de ese sistema es limitado así es que en un momento dejó de enfriar.
En medio de todo esto, hubo ya fugas de radiación y se evacuó a todo el mundo. Evidentemente ningún superhéroe estaba dispuesto a freírse entrando a la planta para trata de detener… El desastre no se podía detener ya.
El gobierno, a pesar de que los generadores nucleares no le pertenecen, ordenó que se apaguen las 50 plantas y se sometan a un proceso de evaluación de seguridad pero, sobre todo, de resistencia a fenómenos naturales. Es que claro que Japón tiembla y tiembla siempre, de manera que, por descarte, todas las construcciones tiene elementos antisísmicos, pero con cierto límite. Fukushima se suma a los desastres nucleares de Chernobyl (Rusia), Three Mile Island (EE.UU.), sin contar con todos los lanzamientos de bombas nucleares que hicieron los países desarrollados para probar las armas, en el Pacífico sur.
Entonces comienza el rompesesos. Japón consume 7 veces más energía eléctrica que Ecuador, mi tierra natal (7.819 de kw/h per cápita vs. 1.115 de kw/h per cápita ). La mayoría de esa energía es usada por la industria pesada, luego las industrias más ligeras y más allá el consumo doméstico.
La energía es una de las principales materias primas que ha usado el Japón para convertirse en la tercera economía más grande del mundo y no ha cejado en desarrollar sistemas de uso eficiente de la electricidad.
En cuanto a la generación, la primera fuente es el petróleo, luego la nuclear, le sigue la hidroeléctrica, el carbón y energías alternativas. El petróleo lo compra, no lo produce; casi todos los ríos capaces de mover una turbina de generación eléctrica se usan: a pesar de ser un país montañoso, las cordilleras no son lo suficientemente altas; el carbón lo importa, básicamente de Australia. Por ahí todo está saturado. El Japón es el tercer productor mundial de energía eléctrica del mundo y se la consume toda.
Planta nuclear de Oi, al sur de Japón
Quedan las energías alternativas. En una reciente decisión, el gobierno emitió una ley en la que se obliga a las compañías eléctricas a comprar a precio fijo electricidad producida por generadores solares, eólicos y geotérmicos. Esto significará que un usuario normal deberá pagar USD 1,40 más de su cartilla mensual por la energía alternativa –y más cara- que se debe incorporar a su consumo.
Por otro lado, grandes compañías japonesas han creado divisiones para profundizar los estudios sobre energías renovables y más seguras. Kyocera, empresa que fabrica componentes electrónicos, y otra compañía que hace máquinas, destinarán 310 millones de dólares para construir una central solar que dará suficiente energía eléctrica a 22.000 hogares.
La ley gubernamental y los esfuerzos empresariales coinciden con la autorización para el reinicio de operaciones de tres reactores nucleares, para satisfacer la creciente demanda que se origina en el verano.
Ahora, ¿cuál es la mejor energía? y además, ¿cuánta plata hay para cubrir el consumo nacional? Si en el mundo hay 440 reactores nucleares y 3 se han accidentado parecería que es un sistema bastante seguro. El problema es que cuando se dañan provocan crisis altamente destructivas y por eso las protestas mundiales.
El petróleo es, de por sí, una energía sucia, contaminante, destructora del medioambiente. El carbón va por ahí, su producción genera daños ambientales. La hidroelectricidad parece hasta ahora la mejor, aunque para los medioambientalistas radicales también hay daños contra la naturaleza y se las debería prohibir.
Finalmente, estamos a décadas de que las energías limpias y alternativas (solar, eólica, geotérmica, biomasa) reemplacen por completo a estas otras tradicionales y llenas de defectos. Y las necesidades son para hoy, de manera que tampoco me parece sensato oponerse a todo sin dar una solución inmediata.
Siempre defenderé la teoría de que el problema del mundo no es producir todo lo que se necesita para el consumo, sino consumir lo que verdaderamente se necesita, así la Tierra tendrá menos presión. Pero, por ahora, todo parece ser un pozo sin fondo.

Para la próxima les ofrezco un tema menos deprimente.