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sábado, 17 de octubre de 2015

La ruta pedregosa de Shizo Abe, II parte

"Dejar de ver, comenzar a actuar"

Es cierto que no ha habido historias disponibles recientemente. Voy a tratar de igualarme rápidamente, por ahora con esta que es la historia de una –o varias- encrucijada.

En mayo de 2014 se presentó en este mismo escenario el que hoy se entiende como el primero capítulo de un tránsito delicado (se puede leer aquí), texto en el que se ponía de manifiesto dos temas fundamentales que promueve el primer ministro de Japón, Shinzo Abe: la reforma económica y la participación de su país en la geopolítica actual.
Uno de los ejes sobre el que se planteó esta discusión es la posibilidad, que ahora está abierta, de que la utilización de la fuerza militar por parte del Japón tome un sentido diferente (cuyos detalles se pueden consultar en este vínculo).
Pues bien, si entonces se preveía ya un camino pedregoso, la ruta se ha puesto peor. Las aguas del Mar Oriental, como lo conocen los chinos, o del Mar del Japón, como lo nombran los nipones, ha subido de temperatura y amenaza con hervir.
Es una lucha incesante por el poder; tras de los hechos reales se apertrechan las verdaderas intenciones que generalmente se esconden; o, visto desde otro ángulo, verdades de las que se dejan suposiciones, que no certezas.
El hecho tiene nombre y apellido: las islas Diaoyutai (según la versión china) o Senkaku (en el hablar japonés). Vistas desde cualquier perspectiva es un conjunto de rocas a las que nadie dio importancia hasta que se descubrieron minerales en el lecho marino circundante. Entonces aparecieron los documentos, los testimonios, escritos, crónicas y reseñas con los que se podía demostrar al real soberano de esas porciones minúsculas de riquezas incalculables.
El primero que amenazó fue China y Japón descubrió que el país que juró defenderle, EE.UU. pensaría más de una vez si actúa para defender a su socio, porque eso significaría provocar un choque con una potencia de fuerza semejante.
Japón ha funcionado como un aliado estadounidense para mantener una presencia disuasiva geoestratégica en el Asia. Cuando Estados Unidos se erigió como vencedor sobre Japón en la II Guerra Mundial, obligó a que se redactara una constitución en la que los habitantes del archipiélago nipón se declararon un país de paz, renunciaron a tener un ejército y limitaron una fuerzas de autodefensa a actuar solamente para preservar su soberanía territorial. A cambio, el vencedor se comprometió a defender a su socio de cualquier amenaza exterior.
Pero cuando saltaron chispas por culpa de las islas Senkaku a Japón le quedó la sensación que ese protectorado no era absoluto y apareció la sombra de la desconfianza, del abandono.
El nacionalista primer ministro Shinzo Abe (ha durado en el cargo bastante más que el promedio) se ha propuesto provocar una interpretación de la Constitución de Japón que le permita tener una mayor fuerza de defensa.
China volvió a amenazar y los japoneses, al menos una parte importante, protagonizaron la más grande protesta de las últimas décadas para manifestarse en contra de la interpretación de la Constitución, no quieren ni imaginar que su país vuelva a hacer algo ligeramente parecido a lo que sucedió un siglo atrás.
Entonces, Japón se fue de conquista al continente, una aventura que dejó heridas profundas y dolorosas. China, una de las víctimas, ha mantenido de todas las maneras una posición de víctima, que le ha servido, además, para sostener una ánimo exacerbado de la población contra Japón. Ha exigido disculpas públicas que Japón las ha pedido todos los años desde que perdió la II Guerra Mundial.
Pero, el primer ministro Abe afirmó hace poco que “ No dejaremos que sean nuestros hijos, nietos y futuras generaciones, que no tuvieron nada que ver con la guerra, los que se disculpen”.
Pero parece que nada es suficiente para Pekín, ha emplazado los barcos guardacostas más grandes del mundo en una zona muy cercana a las islas; ya está operativo el bautizado como Zhongguo Haijing 2901, una inmensidad intimidante. El principal periódico de Japón, Yomiuri Shimbun, denunció que China comenzó la construcción de una base operativa a 350 kilómetro de las islas, que estaría equipada con hangares para aviones y helicópteros y un muelle para el amarre de seis barcos, inclusive el enorme Zhongguo Haijing 2901. También China ha dicho que construirá una base en las islas en disputa. Para concluir, existen en la actualidad 16 estructuras instaladas para extracción de petróleo, que ha violado un acuerdo previo para realizar una explotación conjunta de los recursos subterráneos.
El diario El Mundo de España, por su parte, ha informado que “De momento, Abe ha creado un cuerpo inspirado en los Marines, permitido la exportación de armas y aumentado el presupuesto de Defensa tras una década de recortes. Toda una declaración de intenciones que aviva la mecha en una de las regiones más calientes del planeta”.
Jeffrey Hornung, en un artículo publicado en el medio digital nipon.com:  afirma que “Todo esto vaticina una seguridad regional precaria. Y lo que es peor, deja a los Estados Unidos en un aprieto. Si se produjese alguno de estos escenarios, Washington tendría un problema muy difícil. ¿Está dispuesto Estados Unidos a utilizar recursos militares para proteger a un puñado de islas deshabitadas y arriesgarse a una guerra a gran escala con China? ¿O está dispuesto a sacrificar su alianza con Japón y, con ello, poner en cuestión sus compromisos en todo el mundo para evitar un conflicto con China?”
Mientras, Watanabe Hirotaka, Director del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad de Estudios Extranjeros de Tokio, declaró que “En primer lugar, y esto también huelga recordarlo, defenderse ante una ofensiva militar por parte de China, que está reforzando su presencia militar por mar y aire en el mar de la China Oriental y Meridional, y prepararse para un ataque imprevisto con misiles por parte de Corea del Norte son dos problemas de seguridad que Japón necesita atajar urgentemente. En consecuencia, resulta fácil comprender la postura que aboga por profundizar la solidaridad y la cooperación de la alianza con Estados Unidos para reforzar la capacidad defensiva de Japón.
“Y la cuestión de cómo deben colaborar ambos países para dicho fin pertenece al terreno de la gestión de riesgos”.
Finalmente, el Profesor invitado de la Universidad Aoyama Gakuin, Ogoura Kazuo, cree que existen cinco cambios urgentes que debe hacer la diplomacia nipona para enfrentar un escenario tan poco amigable.
1.- Revisar la política de los frenos: la Constitución y una serie de acuerdos han funcionado como una disuasión para que los japoneses ni piensen en la posibilidad de aumentar sus arsenales.
2.- El atrincheramiento: después de la segunda guerra mundial optaron por verse a sí mismos. Pero, “Ha llegado un momento en que Japón va a tener que pensar qué espíritu, qué valores va a ir proponiendo en adelante internacionalmente en común con sus aliados. Por decirlo de algún modo, tiene que salir de la trinchera y concebir una estrategia amplia de apertura al mundo”.
3.- La estrategia del no ser: luego de la II Guerra Mundial hubo un empeño diplomático por transmitir una imagen de “no somos militaristas”; luego, con el milagro económico se transformó en la imagen de “no vendemos productos en base a salarios bajos”. Es el momento de decir lo que sí es.
4.- La contribución al orden establecido: “La política exterior de Japón debería superar esta etapa de contribución al orden internacional existente y pasar a ser una política exterior para la construcción de un nuevo orden internacional”. Tiene que prever una China que es socialista pero que está moviendo la dirección del orden mundial, así como otros países emergentes.
5.- Un necesario reencuentro con Asia: “A fin de construir este nuevo orden internacional, Japón debería tener un papel rector en la introducción de todos los nuevos pensamientos e ideas que están surgiendo a gran velocidad en Asia. Y para ello, además de prestar oídos a lo que se dice en Asia, Japón debería también poner su toque en aquellos valores asiáticos que deberían ser compartidos por todo el mundo y esforzarse para convertirse, junto al resto de países asiáticos, en un foco de emisión hacia todo el mundo de esas ideas.
Para el profesor Kazuo, es necesario limar asperezas con China y Corea del Sur en cuanto a las interpretaciones de la historia y comprender que las guerras son sucesiones de atrocidades: Japón cometió contra China unas similares a las que China ha cometido contra Tíbet, por ejemplo. Y concluye: “Será necesario desplegar una política exterior que aborde los grandes retos de futuro que afronta el mundo compartiendo con el resto de los países pensamientos tan asiáticos como el de la convivencia de la humanidad con la naturaleza, y dejar ya de pensar que la modernización de Asia pasa por su sometimiento a los valores occidentales”.
En el horizonte no se ve ningún rastro de una intención sostenida para bajar las tensiones. Pero si China y sus amigos (Rusia entre ellos) y Japón con sus aliados (EE.UU. e indirectamente la Unión Europea) no hacen algo pronto el agua del Mar del Japón podría comenzar a hervir. Y eso significaría que la humanidad no ha aprendido ninguna lección.

Regresen pronto, esta es su casa.