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lunes, 12 de mayo de 2014

La ruta pedregosa de Shinzo Abe

Vuelvo a tener el placer de saludarles.

Estaba buscando información y he entrado a la página en español de BBC Mundo. Quería saber algo más sobre las reformas que está ejecutando el gobierno del primer ministro Shinzo Abe, pero la mayoría de información no mira los aspectos estructurales de lo que sucede, sino una que otra noticia suelta sobre el conflicto contra China y Corea.
¿Qué está haciendo Shinzo Abe? Lo sé, está trabajando sobre dos ejes fundamentales: reformas a la economía japonesa para sacarla de un estado de abulia (las conocidas “Abenomics”) y una reforma constitucional para que Japón pueda tener ejército. ¿En qué está pensando para meterse en dos rutas tan pedregosas?
Para comenzar por el final, la Constitución que impuso Estados Unidos durante su ocupación del Japón dice claramente que es un país de paz y por tanto se le prohibe expresa, taxativa y absolutamente tener nada que no sea una fuerza de autodefensa. Estados Unidos dijo que se encargará de la seguridad exterior de Japón, que no le harían falta ni barcos ni fusiles.

Fotografía tomada de: http://www.csmonitor.com
Esta decisión fue el punto final de una historia nacional de expansión excesiva y  significa mirar un poco más atrás en la historia. Una de las razones por las que se inició la llamada Restauración Meiji (ver una explicación más completa aquí) fue que la economía nacional había logrado un nivel de desarrollo que había saturado el territorio nacional y ahora necesitaba ampliarse. Había que ir más allá del mar.
Más allá estaban, principalmente, China y Corea. El ejército japonés fue hasta donde quiso ir e hizo lo que quiso hacer en su ruta hacia el oeste. Pero cuando decidió mirar hacia el este… Los sueños expansionistas terminaron con dos bombas atómicas y una constitución impuesta que le prohibe tener ejército.
En este momento, el país necesita tener cierta capacidad persuasiva, pues soporta dos conflictos de propiedad insular, uno de los cuales tiene características harto complejas: la disputa por la soberanía de un conjunto de pequeñas islas, casi unas rocas que apenas sacan la cabeza en el Mar de Japón, las islas Senkaku.
Habían estado bajo soberanía nipona sin que a nadie le importara su existencia hasta que se descubrieron yacimientos minerales en el lecho marino. Como en las novelas negras y en las historias de herencias, aparecieron varios dueños por aquí y por allá.
Uno de esos China, país que estableció una Zona de Identificación de Defensa Aérea que incluye las Senkaku; Japón delimitó la suya y se formó una intersección altamente peligrosa.
China, grande cuantitativamente en muchos aspectos, alzó la voz a la pequeña nación con la que ha mantenido algunos conflictos -y comparte buena parte de la historia- y Japón fue a golpear la puerta de Estados Unidos, para reclamarle su oferta de proteger sus fronteras de amenazas internacionales.
Pero cuando Estados Unidos miró el tamaño del insolente que había retado a su socio… En América Latina hay muchas formas de expresarlo, pero digamos que se lo pensó mejor antes de él también alzar la voz. El amigo y socio de Japón, el más fuerte del barrio, en este conflicto particular decidió no mostrarse beligerante.
Los más arriesgados encuentran una explicación en un actual reacomodo de fuerzas. Estados Unidos es un imperio decadente y China es un imperio emergente, pero los dos viven situaciones que cambian con demasiada velocidad, no son privilegiados estáticos en un paseo de domingo. A los mejor el primero no termina de decaer ni el segundo de emerger pero hay indicios de algo parecido. Si tal cosa sucede así, a Estados Unidos no le conviene pelearse con China (además que las fuerzas de los dos destruirían el futuro de la Tierra y luego de un choque de colosos no habría qué gobernar).
Queda la sensación de que Japón sintió algo de decepción. Si su protector no lo va a hacer en la medida de las necesidad de los conflictos en el Asia será mejor tomar un par de previsiones. Llega, entonces, la propuesta de modificar la Constitución para que el Japón se permita a sí mismo armarse lo suficiente para disuadir a su vecino, que no para sostener un conflicto franco.
Al parecer, no habrá oposición suficiente para cumplir el largo, preciso y tedioso camino a la reforma constitucional. Como es obvio, no les gusta nada a sus vecinos que Japón tenga la intención de invertir más de USD 200.000 millones en los siguientes cinco años en armamento.
No sorprendería si ese dinero se queda en el archipiélago y más bien la industria local reconvierte procesos para que el negocio se quede donde debe y sea otro propulsor de la economía, sometida a una terapia que se ha denominado “Abenomics”.

Las reformas del futuro

A Japón le tomó cincuenta años transformarse de una nación asolada por los bombardeos en la segunda economía más grande del mundo. Ese, el posterior a la II Guerra Mundial, fue el segundo milagro de Japón. Antes lo había hecho y le tomó otros 50 años.
El mayor éxito es tener un país con una clase media enorme, con poder de compra y con deseos de hacerlo. En la medida que mantenga una economía así será un país cuyos ciudadanos apoyarán casi cualquier transformación económica.
Es posible decir que ha vivido las últimas décadas en una posición cómoda, instalado en el tope de las más poderosas economías del mundo. La ciencia económica dice que Japón ha vivido 20 años estancado, una definición técnica que no se expresa en la pérdida de bienestar de sus ciudadanos. Siempre han estado bien; de hecho, cada día están mejor.
Pero si Shinzo Abe quiere aumentar el poder de su país en la región tiene que revertir los datos gordos de la economía, fortalecerse y crecer, porque los resultados de la hasta ahora apacible convivencia de los dos competidores en el mercado mundial -EE.UU. y China- puede no durar mucho.
En contra de las prácticas occidentales, los japoneses se enorgullecen de dos virtudes: tienen paciencia y tienen confianza. Es decir, las reformas pueden tomar diez años y en ese tiempo todos empujarán el carro hacia la misma dirección, pero se asegurarán que sea el camino correcto.
Las reformas implican revalorizar las exportaciones con una devaluación del yen, impulsar la economía desde el ámbito fiscal e integrar más a la mujer como fuerza laboral permanente. Ya lo ha hecho, la dimensión de la economía nipona es tal que puso a temblar al mundo, sobre todo en lo que se refiere al mercado de divisas.
Mirando hacia afuera, Japón ha usado las ventajas de sus vecinos para su propio beneficio. Las inversiones niponas en China son fuertes y permiten a un número importante de productos ser competitivos en el mundo, de manera que tampoco hay interés por perder esa posición favorable.
Ahora y con más frecuencia se deben sentar en la misma mesa China y Japón. Shinzo Abe está pensando la manera estratégica cómo llevar a su país a un futuro en el que la competencia estará más cerca y su socio-protector podría estar menos dispuesto a jugarse por esa relación.
Los nipones son los únicos en la región que pueden equilibrar una expansión indiscriminada de China y, de todas maneras, para Estados Unidos siempre será fundamental tener a un buen amigo mirando lo que pasa en el barrio.

Shinzo Abe es el primer ministro y el suyo es el primer gabinete que ha durado más de quinientos días en el poder desde la II Guerra Mundial, en un país que cambia sus autoridades políticas con frecuencia pero sin que el país sufra un traspié. A lo mejor la historia le ha colocado en este lugar para relanzar el Japón al futuro. A lo mejor él se ha creado su propia historia.

Estoy con ustedes muy pronto. 

Esta nota se ha añadido varios días después de la publicación de este artículo.

Hernán Aguirre es un ecuatoriano que obtuvo un doctorado en Japón, ejerce la docencia en la Universidad de Shinshu de este país. Ha colaborado con alguna información valiosa que alimenta sin duda la discusión planteada:
1.- Un artículo de CNN titulado "Inside Japan's invisible army", en el que defiende la teoría de que Japón es uno de los países que mejor se ha armado, pero con gran discreción. El artículo se lo puede leer aquí.
2.- Mitsubishi Heavy Industries producía el afamado Zero. En la actualidad su avión de combate insignia es el Mitsubishi F-2 [2], producido en sociedad con Lockheed Martin. Hasta el momento se produce exclusivamente para el gobierno Japonés. Gran parte de las armas que usa este avión de combate, radares especiales, etc, son producidas por Mitsubishi y otras compañías japonesas. Esta tecnología usada para el MF2, y otra tecnología militar, se exporta bajo las Políticas de Exportación de Armas del Gobierno Japonés que se puede consultar aquí. Son precisamente estas políticas las que Abe quiere cambiar, levantar restricciones, y financiar investigación con propósitos militares. Quiere crear una agencia equivalente a lo que es DARPA en los Estados Unidos. Quiere poner las universidades y las mejores mentes de este país a competir por fondos de investigación para desarrollar tecnología y aplicaciones que beneficien a la industria de las armas.

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