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martes, 5 de mayo de 2015

Yokohama y la inflexión en la historia de Japón


Tanto tiempo sin encontrarnos, pero es bueno que dejemos que corra brisa entre nuestras conversaciones, a ver que rumores trae el viento. Bien, tomen asiento, les cuento enseguida.

La condición de “segunda” ciudad que ostenta Yokohama es relativa y probablemente no sea una descripción justa de su naturaleza, a lo mejor deba ser tratada en otro cubículo y es lo que se intentará.
Segunda en cuanto ocupa el podio de la medalla de plata en cuanto a población (Tokio tiene cerca de quince millones de habitantes y Yokohama 3’680.000). Pero equilibra siendo el puerto más importante del país.

Es difícil compararla con las ciudades más importante porque Yokohama ha tenido una historia distinta y distante con respecto a las otras: Tokio, Osaka, Nagano, Saporo, Kobe y Kioto cuentan las historias con el aplomo de ciudades que parecen venerables ancianas. Yokohama está bullendo en la plenitud de la juventud.
Minato Mirai 21

Además, si las otras ciudades nacieron con las bendiciones de los dioses en partos naturales, la de Yokohama fue una cesárea violenta practicada con poca asepsia y tanta mala suerte.
Es ahora un centro financiero y comercial, además de un eje logístico que puja por robarle un poco del negocio a Tokio, busca tanta actividad cuanta sea posible pero evita llegar a los límites de la megalópolis devoradora y vertiginosa.
Hora de tomar la posta de la historia. Aunque no había una razón muy fuerte como para hacerlo, la villa de pescadores que se llamaba Yokohama tuvo agua potable y alcantarillado cuando la habitaban 87 familias. Fue el primer lugar en Japón en tenerla. Los tubos que transportaban agua apta para beber y los ductos que se llevaban los restos fueron una predicción.
La abulia de esta pequeña villa se sobresaltó cuando llegaron los barcos negros. Estas naves eran siete y estaban cargadas hasta el mástil de problemas. Apuntaron los cañones contra la población civil e invitaron al Japón a firmar un tratado de “comercio y amistad”, con abundante "caradurismo".Durante 280 años, el Japón estuvo cerrado, la orden de los gobernantes fue que nadie entrara y nadie saliera del archipiélago. La única hendija que se dejó abierta fue un acuerdo con Holanda para que sus barcos viajaran una o dos veces al año a un puerto debidamente aislado en el sur oriente del país.
Pero para las aspiraciones (o las ambiciones) de negocios de los países que dominaban las rutas comerciales, no poder acoderar en este archipiélago suponía un problema tanto para el intercambio de productos cuando para el reabastecimiento.
Terminal Internacional de Pasajeros de Yokohama
Especialmente para Estados Unidos, los barcos balleneros de sus cazadores no podían detenerse por agua y alimentos, y los comerciantes no podían exponer sus productos en este sitio estratégico del Pacífico.Las siete naves, los barcos negros, fueron bautizados así en contraposición de las pequeñas naos de pesca locales, veleros con los que podían alejarse de la costa lo suficiente para una buena faena pero no tanto como para que las autoridades creyeran que se estaban yendo del país. Los buques que llegaron sin anticipación tenían el casco negro, pintados con brea, y lanzaban hipos de humo negro por las chimeneas. Lo más sorprendente era que podían navegar en contra del viento. Los barcos de vapor eran unos armatostes que atemorizaban.
Con semejante amable invitación Japón firmó el tratado, en el cual se acordó que se abrirían algunos puertos, siete en total. Uno de ellos era esta pequeña aldea en la que había agua potable y alcantarillado. Yokohama, se puede traducir como “al lado de la playa”.
Por ese ojal entró occidente a raudales. Es difícil imaginar el frenesí del comercio, sumado a los apuros por construir una ciudad en donde suceda el intercambio de mercaderías y que se accione lo que pasa sin duda y casi inmediatamente: la mezcla social. Yokohama era un pequeño punto en el mapa de archipiélago nipón que marcó, en 1859, una inflexión en la historia del país.
Se había iniciado un proceso de reforma interna que no iba a detenerse, la Restauración Meiji: el Emperador reasumió el control del Estado, se redactó la primera Constitución y Japón entró a jugar las partidas de la dinámica global con un afán renovado. Había, sin embargo, quienes sentían que la identidad del país que habían amado se desangraba inexorablemente.

La autoridad hizo lo posible por crear las condiciones de vida cómodas para los extranjeros que establecían su residencia en el nuevo puerto quienes, al principio, comerciaban básicamente con la seda que exportaba Japón. Luego, eran importadores de materia prima y exportadores de productos elaborados.
Barrio chino
Ana Trujillo Denis, en su trabajo de doctorado para la Universidad Complutense de Madrid, afirma que “De este modo se estableció la presencia, en un área muy reducida del territorio japonés, de Inglaterra, Francia, Rusia y Holanda. Aunque originariamente el Tratado de Kanagawa fijaba a esta localidad, Kanagawa, como uno de los puertos que se abrirían a la presencia extranjera, las autoridades japonesas, unilateralmente, decidieron cambiar la localización de la concesión extranjera a la cercana Yokohama, cuyo puerto fue abierto oficialmente en el año 1859. En un periodo muy breve, Yokohama pasaría de ser una pequeña aldea sin importancia, situada cerca de Edo y del Tôkaidô, la principal vía de comunicación, a convertirse en un importante centro de comercio internacional”.
Ana añade: “Por las calles podían encontrarse ciudadanos de distintas nacionalidades y razas, distintos modos de vestir, nuevos materiales, nuevos aromas y sabores, nuevos modos de comportamiento o nuevos idiomas. Yokohama se convirtió en un escaparate de lo exótico, abierto para todo aquel que tuviera la curiosidad de enfrentarse con lo nuevo”.
Esta joven ciudad, sin embargo, había nacido en un país en el que las cosas no vienen fáciles. Sesenta años después de la fundación de Yokohama fue derribada durante el Gran Terremoto de Kanto de 1923, producto del cual murieron más de 30.000 personas y otras 48.000 sufrieron heridas. En ese año la población de la ciudad se acercaba a los 435.000 habitantes.

Vista desde el mirador del edifico Landmark Tower
Lo que vino después es un capítulo desagradable: los habitantes de Yokohama acusaron a los ciudadanos coreanos de utilizar magia negra para provocar el seísmo y asesinaron a centenares de personas y solamente la ley marcial detuvo la caza de brujas.
A toda velocidad, como suelen hacer los japoneses, reconstruyeron el área y volvieron a días normales y noches sosegadas en poco tiempo. La tranquilidad duró, sin embargo, 20 años.
En 1945 Estados Unidos atacó Japón y uno de los puntos de la geografía con los que se ensañó fue ese nuevo puerto junto a la playa: el 29 de mayo se produjo lo que se conoce como la Gran Expedición Aérea de Yokohama: con su natural civilidad, los bombarderos B-29 lanzaron tantas bombas incendiarias que en una hora y nueve minutos asolaron el 42 % de la ciudad (las bombas atómicas no eran suficientes).
Al Japón solamente le quedó en pié la perseverancia y con ella volvió a poner cada ladrillo en su lugar. Hoy ocupa un área de 473 kilómetros cuadrados y se nota que ha habido un desarrollo bien planificado, para crear los espacios adecuados donde forjar una ciudad futurista que asegure un alto nivel de vida para los habitantes.
En la práctica, los tentáculos de Tokio alcanzaron a sus ciudades vecinas de Chiba, Saitama, Kawasaki y Yokohama, están muy integradas pero no necesariamente son iguales, Yokohama tiene una personalidad más pausada, muy moderna y menos agobiante.
En esa ruta desarrolló el proyecto Mintao Mirai 21, una iniciativa público privada para edificar el espacio que dejaron baldío fábricas que fueron mudadas. Se destaca la Landmark Tower, el segundo edificio más alto de país (tiene 70 pisos porque en una zona con semejante protagonismo sísmico no es buen plan ir más arriba; el último piso de este edificio es un enorme recipiente sellado que tiene agua: es considerado uno de los sistemas antisísmicos más modernos). Este distrito está junto al de Kannai, que es el barrio tradicional, y al de la Estación de Yokohama, en el que se desarrollan las actividades comerciales.
Yokohama pretende volver a ser un punto de inflexión y asume cada vez mayores roles en el desarrollo económico del país. Lo hará, con toda seguridad.



¿Nos vemos pronto? Es un compromiso.

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