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sábado, 4 de octubre de 2014

La lozana adultez del Shinkansen

¡Estamos de cumpleaños, bienvenidos al festejo!

El cumpleañero es el Shinkansen, cuyo apodo es "tren bala", un ícono del Japón como país que está a la vanguardia de la tecnología, del servicio, de la disciplina y del desarrollo.
El primer tren de alta velocidad cumplió cincuenta años y es uno de los referentes más importantes del servicio de transporte terrestre del mundo. Y puede competir con el aéreo. Veamos.
En 1964 corrió a toda velocidad por primera vez el Shinkansen en la ruta que une las ciudades de Tokio y Osaka, utilizó las rieles de uno de los más antiguos trayectos del sistema ferroviario japonés. Y esas rieles se colocaron sobre una de las más antiguas vías que unían las dos ciudades más importantes del Japón: la Ruta del Mar Oriental (Tokaido).
En 1889, cuando todo el país corría para alcanzar  el desarrollo, se unió por primera vez las dos ciudades con rieles de tren. Había una frecuencia diaria y la locomotora transportaba a los pasajeros en 20 horas: era una experiencia vertiginosa, porque lo contrario significaba viajar a caballo, con suerte ser llevado en palanquín y en el peor de los casos caminar los 500 kilómetros que separan a las dos ciudades.
Japón estuvo listo y comenzó la construcción de las vías para el primer tren bala antes de la II Guerra Mundial. Cuatro años después de la rendición se reiniciaron los trabajos que fueron terminados unos días antes de los Juegos Olímpicos de Tokio.
El gobierno le puso todo el empeño a la construcción, a pesar de una oposición que exponía dos argumentos, aparentemente incontrastables: el desarrollo de la industrias aeronáutica y el declive del sistema ferroviario de Estados Unidos.
Estados Unidos nunca logró tener un sistema de trenes de pasajeros moderno y Japón tiene uno que puede superar a la aviación. Cuando hay que viajar, por ejemplo, a visitar la preciosa Kioto, cualquier usuario toma en cuenta algunos factores.
El costo del Shinkansen es más alto que el de las líneas aéreas de bajo costo, pero se enorgullece de algunas ventajas. Para tomar un avión se debe viajar por lo menos media hora hasta el aeropuerto. Los trámites de verificación del pasaje, los filtros de seguridad y la anticipación que exigen las líneas aéreas puede sumar, en el mejor de los casos, una hora. El vuelo se demora aproximadamente una hora y aterriza en el Aeropuerto de Kansai. Entre salir del avión, salir del aeropuerto y llegar a Kioto pueden pasar una hora más. Son, en total, tres horas y media.
Para viajar en Shinkansen hay que llegar al anden de la estación, que está en medio de la ciudad, un minuto antes, el viaje se demora dos horas y media, y la estación de destino está en el centro de la ciudad.
Luego, el tren es más cómodo, más amplio, tiene áreas para fumadores, varios baños, una simpática mujer vende una gran variedad de comidas en un carrito que se parece al de un avión. Además, estar sobre la tierra y viajar a 300 kilómetros por hora es encantador.
Entonces, el Shinkansen se hizo popular. Tanto que desde que se inauguró la ruta Tokaido hace 50 años ha transportado a 5.600 millones de pasajeros, el equivalente a casi toda la población del mundo.
En todo ese tiempo no ha tenido colisiones ni descarrilamientos. Este es el primer dato del que sienten envidia las otras empresas de trenes de alta velocidad en el mundo. Una vez la locomotora de uno se salió de las rieles por culpa de un terremoto. Eso es todo.
El segundo motivo es la puntualidad. Una de las razones para que no se retrasen es que el Shinkansen viaja por una línea exclusiva, no tiene que sortear el tráfico de las vías. Se reportó en 2011 que durante todo el año los retrasos acumulados llegaban a 36 segundos. Este nivel ha ido mejorando. Según el medio digital nippon.com, en 2016 ese nivel se redujo a 24 segundos. Maldita sea, eso es perfección. 
Luego, la comodidad. Los asientos son tan buenos como los de los aviones, cada fila puede girar 180° de manera que un grupo de cuatro pasajeros pueden mirarse a los ojos o si se cansan volverlas al lugar original. Es prohibido hablar por teléfono móvil, para eso hay lugares específicos. En contra de la tradición europea de tener un vagón-cafetería, por el pasillo del Shinkansen se pasea una mujer con comidas tradicionales, café caliente y toda la amabilidad posible.
Estos trenes tiene un mecanismo especial para evitar las vibraciones, un revolucionario
sistema de seguridad que detiene automáticamente a estas balas en pocos segundos cuando existe una alerta de terremoto. Y, aunque esto último no depende de la empresa, los japoneses son silenciosos y respetuosos de los demás.
Por último, la limpieza. Cuando el tren se detiene en la estación final una cuadrilla de trabajadores está sobre el anden, hace una venia prolongada. Luego se colocan junto a las puertas de los vagones, tienen en sus manos grandes bolsas de plástico para recibir la basura que produjeron los pasajeros durante el viaje (un japonés jamás dejará la basura fuera del lugar que corresponde).
Cuando todos los viajeros se han ido se inicia lo que los más fanáticos e impresionables llaman show, teatro y hasta ópera: la limpieza interna del tren antes que inicie el siguiente viaje. En menos de 8 minutos todo está limpio y ordenado. Es, posiblemente, la tarea coordinada de limpieza más llamativa que se puede encontrar.

Es una mezcla eficiente de habilidad humana y precisión de los materiales. Tienen un cepillo que calza perfecto en la hendija que debe limpiar, incluso han desarrollado una escobilla que tiene unos sensores en la punta de los pelos para detectar cuando los asientos están húmedos. Ocho minutos después de iniciada la limpieza, el tren bala comienza de nuevo su trayecto de torpedo.
El mayor problema que ha tenido es el sonido fuerte que produce la alta velocidad. Hace 20 años los habitantes de las riberas de las rieles pidieron a las cortes que ordenen a la empresa que hagan algo con la bulla y la vibración. JNR, que fue trasladado de propiedad del Estado a la de seis empresas regionales, colocó barreras para contener la contaminación acústica y sistemas para evitar las vibraciones en los más de 2.000 kilómetros de línea férrea, que han dejado tranquilos a los ciudadanos.
El Shinkansen no tiene ahora la más alta velocidad del mundo, pero, en conjunto, el sistema ferroviario de Japón es el más rápido. Se quedará corto en algo más de una década.
Se terminaron las pruebas del tren magnético de levitación que alcanzó una velocidad de 550 kilómetros por hora. Inmediatamente se inició el diseño y construcción de la vía exclusiva que utilizará en 2027. Cuando inaugure sus operaciones, igualará el tiempo de viaje de un avión en la famosa ruta Tokaido.
Por otro lado, y esto con tono anecdótico, inversionistas privados han anunciado que reinaugurarán las rutas nocturnas. El sistema de transporte público (buses, trenes, metro, aviones y barcos de pasajeros) de Japón funciona 18 horas al días. Entre las cero y las seis horas se realizan tareas de mantenimiento, de manera que el Shinkansen y todos los sistemas tienen una larga vida.
Se pretende ofrecer a los turistas trenes con vagones de lujo, que parecen las suites de un hotel para millonarios, con techos panorámicos, baños con tinas y lo que se pueda inventar en nombre de la comodidad.
Pero mientras todo eso suceda, desde las estaciones saldrán cada diez minutos balas sobre rieles que transportarán a miles de pasajeros (452.000 en 2016) que viajarán felices en el Shinkansen.

Actualización del 22 de abril de 2015: La compañia Japan Railway hizo nuevas pruebas y logró el récord de velocidad para un tren: 603 kilómetros por hora. El viaje entre Tokio y Kioto, que ahora toma dos horas y cuarenta minutos, se demorará solamente una hora con esta maravilla de la tecnología. Este enlace les llevará al video oficial.

Cada vez que digo su nombre me recuerda una sensación que es única. Deberían probarlo.