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lunes, 25 de febrero de 2013

Takao, el fuego de los espíritus

Siempre es un gusto saludarles:

Cuando recién habíamos llegado, fuimos de viaje con Náoko y Javier y nos enseñaron los que se conocen como los libros de templos. En realidad son cuadernos con una bonita pasta que se entrega a los monjes para que escriban una marca distintiva. Compramos uno y se ha paseado mucho y por varios puntos de interés: es la constatación más auténtico de haber visitado un templo, permite hacer un censo cualitativo de los visitados y, la razón más importante para mí, permite mirar a un monje realizar una de las tareas más importantes de la religión y de la historia japonesas: la caligrafía.
Grafía del templo de Yakuo-in

En fin, esto viene a cuento porque luego de haber conseguido la estampa de más de 20 se adquiere cierta experiencia sobre visitar templos. Hay ciertos códigos, ciertas formas, símbolos y distinciones que les son comunes; a pesar de no haber estudiado semiótica religiosa, poco a poco se adquiere cierta veteranía a través de la cual se puede ir descubriendo cada vez más sutiles diferencias de los objetos divinos encargados en la tierra.
El templo de Yakuo-in en la montaña Takao es particular. Es muy interesante.
Hay dos personajes que son guardianes de todos los templos budistas, dos humanoides enormes que atemorizan, uno con la cara roja y otro con la cara azul. Los de Yakuo-in son un narizón y una gárgola nipona. Sí, es peyorativa pero esa es la primera impresión de un extranjero que poco sabe de budismo. Son los mismos humanoides pero el uno tiene un pico de ave en vez de boca y es azul; el otro, una nariz descomunal y es rojo. En algunas escenas los dos aparecen con alas. El guardián gárgola con una espada y el guardián narizón con un abanico en sus manos. La verdad es que el guardián gárgola con alas y espada me pareció similar a arcángel Gabriel en las obras de imaginería de la Escuela Quiteña.
Ya estuvo bueno de bromas, pongamos las cosas en contexto.Creo que es mi obligación si en ese momento mis pies estaban sobre un complejo religioso construido en el año 744. Lo mandó a edificar el emperador Shomu, el primero que abdicó al trono para convertirse en monje budista. Encargó la dirección del proyecto a Gyoki, un sacerdote de la línea carismática del budismo quien había participado activamente en la construcción del Gran Buda del templo de Todai-ji en Nara (como se recuerda, el emperador vació las arcas del imperio para financiarlo. Aquí puedes encontrar los detalles).
Con el templo, Yakuo-in, en el monte Takao, se convirtió en una de las tres principales sedes del budismo esotérico Shingon. Según esta creencia, la iluminación no es un destino al que se llega después de décadas de disciplina y ascetismo, es un derecho que se adquiere al nacer y está más cerca de lo que piensan otras tendencias del propio budismo. Se debe tener la ayuda de un auténtico maestro y un entrenamiento correcto del cuerpo, el habla y la mente.
Falta decir que para llegar al templo hay que ascender a la montaña, una acción que tiene un significado especial en un país de muchos cerros bajos. Una parte importante de los visitantes llega a pie tras ascender más o menos una hora. También hay la vía rápida de un teleférico que ahorra unos 45 minutos de caminata.
A la entrada, en la tori (puerta) principal del templo están las dos figuras que en realidad son el pájaro divino y tengu, el espíritu de las montañas (del cual hablamos largamente en otro artículo que lo puedes revisar aquí).
De entre las cosas que no había visto antes también están una gran bola de piedra pulida, que tiene mucho reflejo, sostenida sobre una base que contiene una rueda, también de piedra, montada sobre un eje, que el peregrino hace girar mientras reza. También filas de pequeños budas puestos sobre bases y los fieles rezan y ponen una moneda a cada uno de ellos.
Pero uno de los rituales básicos del templo y fundamentales del budismo Shingon se practica con el fuego y se conoce como el ritual goma. Los fieles escriben sobre unas tabletas de madera sus peticiones y agradecimientos, y en una ceremonia se quema todo en un fuego cuyas lenguas pueden tener varios metros de altura.
Fue inquietante leer que también se puede caminar sobre el fuego. Pero creo que más inquietante todavía es la siguiente frase: "No hay necesidad de arreglos previos. Los participantes podrán participar sin instrucciones".
Voy a ver si me animo a caminar sobre el fuego y les cuento.
Al final, luego de esta locura de símbolos y ritos, tras unos 20 minutos más de caminata se llega a la cumbre del monte Takao, a 599,7 metros sobre el nivel del mar. Tiene una vista increíble hacia el este: Tokio, Yokohama, la bahía de Tokio, Saitama. Por el sur-oeste el Fuji-san. Es interesante descubrir las dos facetas principales de la geografía del archipiélago: los valles, que son en realidad pocos, y las muchas formaciones montañosas. Buena vista, en un lugar cercano a la capital.
Por ahora, les agradezco que hayan venido. Nos vemos pronto.