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martes, 7 de agosto de 2012

Un dinosaurio tecnológico que se niega a morir

 Muy buenas con todos.

Problema grave del día a día: corto un limón porque necesito unas gotas para mezclarlas con el té. Ese instante comienza a marcar el fin de la vida útil -vamos, ¡la muerte!- del limón que se irá secando poco a poco en la refrigeradora porque, en el mejor de los casos, volveré a usar unas pocas gotas todos los días pero nunca le sacaré provecho.
En el momento del último suspiro se reeditará la escena para escaparate, de los dedos entrelazados y haciendo palanca para presionar desde las palmas de las manos a la mitad de un limón como si fuera una nuez, cítrico que se niega rotundamente a parir una gota más de su acidez así se trae de una bebida inglesa.
En el supermercado encontramos este fin de semana una pieza de plástico que se introduce en el limón y permite ir extrayendo el zumo mientras que la mayoría de la fruta no está expuesta. El resultado, hay más acidez para la flemática bebida y se alarga la vida del limón.
Visto rápidamente esto es una pendejada. Pero el proceso de innovación que está detrás tiene un valor digno de rescatarse.
En Japón se innova a todo nivel y en todo momento. En una estación de carretera encontramos, hace unos meses, una máquina de café. En este caso la innovación era que unas cámaras internas transmitían en vivo y en directo el proceso que seguí el vaso hasta terminar en las manos ansiosas del cliente. Mientras se preparaba sonaba la cumbia de "Moliendo café". Esto sucedió en el Japón rural.
A mayor escala, hace unos meses en Llamingosan se presentó los estacionamientos robóticos para bicicletas (http://llamingosan-samaniego.blogspot.jp/2012/03/en-dos-ruedas.html). Y más grande todavía, se utiliza la basura para crear islas que no contaminan el mar ni un poquito.
La yapa, se construyó un barco que fue capaz de descubrir enormes yacimientos de minerales raros (fundamentales para partes de tecnología de vanguardia) en el lecho del Pacífico, a 8.000 metros de profundidad. ¿Se puede llegar tan abajo?
En estos día recibí un fax... Sí, un fax, ¿tiene algo de malo? De manera que ustedes piensan que el fax murió o está cayendo al abismo del olvido. Seguramente en todo el mundo sucede eso, pero Japón no es todo el mundo.
El 59% de los hogares japoneses tiene un fax y todas las empresas todas lo usan. Las fábricas de fax no han dejado de innovar pero, básicamente, es lo mismo, una máquina que intercambia señales por la línea telefónica con otra máquina para enviar información de un lugar a otro.
El correo electrónico, los sistemas que traducen mensajes de voz a mensajes de texto, los teléfonos satelitales, la telemetría, nada ha logrado tumbar el reinado que, orondo, ostenta el señor don fax.
El señor don fax, en su momento, fue una revolución porque reemplazo a los mensajeros de a pie, bicicleta o moto y los cambió por unos segundos de un pitido desesperante.
En realidad, fax es la abreviación, en inglés, de facsímil: "Perfecta imitación o reproducción de una firma, de un escrito, de un dibujo, de un impreso, etc", según manda la RAE e inicialmente constaba como "telefax", una copia que se transmite por teléfono.
En un reciente artículo, la BBC publicó los resultados de una encuesta realizada por el Instituto de Investigación del Fax. El 87,5% de los hombres de negocios entrevistados dijeron que esa máquina antediluviana "es clave para sus negocios".
Lo hacen por varias razones. La primera es práctica: más que la firma, casi es una regla tener un sello (hanko) que se registra y funciona como la firma. El sello impreso en un papel tiene valor legal.
Otra más, están muy apegados a escribir a mano. Desde el punto de vista llamingo no sorprende, su escritura es tan bonita de dibujar. Muchos pueblos del mundo no comparten aquello de que "el tiempo es oro", usan su tiempo de otras maneras y una de ellas es escribir.
Los estudiantes reciben muchas clases de caligrafía y hay mucha gente cuya profesión es escribir, escribir bien. Esta actividad estaba entre aquellas preferidas por los samurai, aparte de las artes de la guerra, y el teatro.
Un japonés prefiere enviar su hoja de vida escrita a mano, porque quien la reciba podrá sentir sus sentimientos más nobles. Quien recibe el documento puede hacer un primer análisis sicológico del aspirante con el estudio de su manera de escribir.
Pero no solo eso, muchos proyectos empresariales son manuscritos y enviados por fax, con sus gráficos y diagramas, también dibujados a mano. Es el reino del papel y la tinta, donde las letras todavía son como la ruta que traza un pincel sobre la quietud del mar, sin golpeteos, sin luces artificiales, la neta manera de manchar la pureza.
Para los japoneses, cualquier documento que sea escrito a mano es más cálido que las frías, artificiales e impersonales letras que aparecieron tras golpear una tecla.
¿Escribir una novela a mano y enviarla por fax a la editorial? No es mala idea. Para nada. Si la editorial es japonesa, porque si es de occidente, a lo mejor cuando la termine ya nadie tendrá un fax para recibirla, el dinosaurio tecnológico habrá fenecido finalmente.

Estoy con ustedes al rato.