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lunes, 8 de septiembre de 2014

La Misión Hasekura y los Japón de España

Les saludo y les agradezco siempre por darse una vuelta por esta bitácora.

Les invito a viajar al año 1613. Japón vive los años iniciales del período Edo, el país ha cerrado las fronteras, los accesos, ha levado los puentes, nadie entra y nadie sale. Sin saberlo, el sogún Tokugawa, a quien se le ha entregado el poder absoluto y quien decidió aislar el país, provocará una introspección profunda dentro de la cual se fundirá una identidad nacional que pervive hasta ahora.
En el sogunato de Sendai, al norte de la isla grande (Honshu), Masamune Date habla un idioma diferente que el del centro del poder. Influenciado por el sacerdote franciscano fray Luis Sotelo, decide enviar una comisión para que se reúna con el rey de los españoles y con el pontífice de la religión católica, manda mensajes a las autorides civiles y religiosas de quienes los evangelizan.
San Juan Bautista es el nombre de la nao que parte del puerto de Tsukinoura. Es nombrado embajador el jefe de los samurái del sogunato, Tsunenaga Hasekura. Ciento y ochenta más forman la tripulación que rápidamente pone velas rumbo al naciente, a la conquista del puerto de Acapulco, el más grande fondeadero de los españoles en el océano Pacífico (el cual navegaban de punta a punta para evangelizar, para "descubrir" otras tierras que conquistar y para pillar otras onzas de oro, como sucedió luego con Filipinas).
En los más de 60 días que les toma cruzar la mar más grande del planeta repasan los objetivos: establecer una línea fluida de comercio con Nueva España (México) y España, gestionar el envío de más misioneros para propagar el cristianismo y aprender la tecnología para la extracción de plata.
Mientras viajan, la oposición del gobernante del Japón se vuelve implacable contra los sacerdotes católicos, a quienes se les da muerte de maneras atroces. Antes de que los miembros de la misión Hasekura vieran siquiera la costa del primer país donde España mandaba ya habían fracasado en el objetivo de obtener la delegación de más curas misioneros.

Tsunenaga Hasekura, retrato europeizado
Hasekura, de quien no se despega nunca fray Sotelo, es recibido con rango superior en la ciudad de México y departe banquetes, comparsas, venias y saludos con el mismo virrey y el obispo. Después de bautizar a algunos japoneses unos veinte miembros de la misión cruzan México de occidente a oriente hasta un puerto en el estado de Veracruz, donde se embarcan con destino a Sevilla (los otros se quedan en México y regresarán por su cuenta).
Ese trayecto ya es conocido por los españoles, de manera que es recorrido sin sobresaltos. Hasekura, unos 20 japoneses y el inseparable fray Sotelo son recibidos con honores en España: en Sevilla, primero, y luego acompañados a la capital a varios encuentros con la realeza en 1615.
Hacen escala en Barcelona para embarcarse a Roma, donde se entrevistan con el papa Paulo V. Hasta ahí, han recorrido dos terceras partes de la circunferencia del planeta y han entregado una rogativa al pontífice para que refuerce la operación evangelizadora en el archipiélago nipón. La respuesta les será enviada a España, anuncia el camarlengo; regresan a la corte de los reyes católicos de España tras medio cumplir esta misión que les toma un año.

La misión japonesa entrea un presente al rey de España
Se había iniciado el viaje de regreso, les sorprende el año de 1617 en México y se embarcan, gracias a las buenas gestiones de fray Sotelo, a Filipinas, donde planean esperar las respuestas del papa y del rey de España. Ninguna de las dos llega, Hasekura y los que quedaban con él entran discretamente a su país, pero el franciscano decide hacerlo por su cuenta. Dos años después llega, es prendido de inmediato y muerto a poco.
Hasta ahí la historia, ahora viene la anécdota. Unos diez japoneses deciden sembrar raíces en un pueblo cercano a Sevilla, llamado Coria del Río. Cuando les veían pasar, los corienses musitaban “Miren, ahí pasa un caballero Japón”, en franca alusión a su origen geográfico, así como le decían al caballero de la Villa de Gómez. Al final, el primero se convirtió en Villagómez y los segundos en Japón.
Cuatrocientos años después, luego de trece generaciones, Tsunetaka Hasekura fue a Coria del Río a conocer la tierra en la que se quedaron los compañeros de su antepasado y conocer a Juan Francisco Japón Carvajal, descendiente en el mismo número de generaciones de uno de los que se volvieron españoles.
La misión Hasekura de 1613 duró siete años. Pero la memoria de los descendientes crean la sensación de que sigue escuchándose el sonido de la getas que golpena contra las piedras de las calles menudas de Coria del Río.


Si van por allá, pregunten por los señores Japón, son muy amables.

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